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La letra de Moreno

Por: Carolina Pavlovsky
Publicado en Lo Grupal 9, Ed. Búsqueda 1998.


"Como las obras de arte, las construcciones teóricas no emergen de un solo golpe; son tan frecuentemente retomadas y modificadas que se pierde de vista su efervescencia creadora original y sus primeros esbozos, ya indiscernibles...

Si la construcción teórica posee una estructura rígida,resulta superfluo emprender un viaje retrospectivo a la “recherche du temps perdu” y encontrarse alprimer -choque-, a la primera “intuición victoriosa” que dio nacimiento a la teoría.

Pero cuando se sospecha que una construcción teórica presenta defectos desde el instante mismo en que fueron elaborados sus principios... es útil buscar en qué fuentes la teoríaha bebido su propia savia...” (J. Moreno: Fundamentos para la sociometría).

Con esta introducción, intentaremos aquí recuperar, re-oxigenar el sentido de las principales ideas del genio discutido, pero no por eso mejor leído de J. L. Moreno.

Interrogar sus formulaciones, atravesar su obra como texto inacabado, imperfecto; elucidar sus condiciones de producción, sus posibles relaciones con otros campos discursivos, con otras prácticasy saberes, despejar sus áreas de invisibilidad, sus impensables, y los de su época.

Su teoría ha estado siempre teñida de “negatividad; abordaremos entonces, sus puntos de quiebre, sus tangentes, sus paradojas, sus agujeros negros. Pensamiento lúcido, visionario, controvertido, pero sobre todo altamente articulado, por lo cual nose puede encarar un aspecto sin tener en cuenta sus vinculaciones con otras configuraciones conceptuales. Sin pretender agotar la riqueza de su obra escrita, recorreremos sus diversas facetas y especificidades, a la manera de un caleidoscopio que va mostrando la multiplicidad de sus caras.


El sociómetra

Las elucidaciones morenianas relanzan la investigación allí donde el psicoanálisis se detiene: la dimensión social de la subjetividad. Moreno se ubica, con la sociometría, entro la sociología, o más exactamente la microsociología vigente, y el socialismocientífico del pensamiento europeo.

Con la investigación sociométrica, Moreno aborda las problemáticas más contundentes con que en la actualidad tratarnos en el terreno de lo grupal. Interrogantes no resueltos, en plena formulación.

“Apenas hemos comenzado a cruzar las aguas inexplorbles del océano social", nos dice.

El aporte más importante de la sociometría consiste en recuperar la singularidad del acontecimiento colectivo en el diseño de una "cartografía" de la intersubjetividad.

Es decir, hay unaespecificidad estructural para cada agrupamiento. Cada grupo supone un encuentro único, produce sus propias formas de devenir, sus propios modos de cohesión y profundidad (sic).

Las redes sociométricas muestran un trazado de "mapas" que intentan captar ciertas legalidades y estructuras mínimas de los grupos e instituciones.

La función de una métrica trata de dar cuenta de la producción grupal a partir de establecer en el aquí y ahora, sus líneas de encuentro, de ruptura, de conexión, de fuga; sus modos de habitar territorios, de codificar y significar, de estratificar.

Pero estos verdaderos mapas de la producción deseanteintersubjetiva también revelan sus puntosde fuga, sus procesos de desterritorialización y descentramiento; sus agenciamientos posibles, y también los no posibles.

Lo inconciente colectivo en tanto producción sintomática, aparece aquí como "negatividad", como interferencia, como corrimiento hacia la transversalidad.

Lo grupal en última instancia, como formaciones sociales en constante devenir. Como cortocircuito de la tensión entre lo instituido y lo instituyente.

Advierte, asimismo, desde su perspectiva de investigador social, acerca de los efectos de mortificación de lo que denominaba la "cultura standarizada".

La potencialidad creativa del hombre entra en peligro cuando la máquina social congela, momifica, en "conservas" (sic) culturales, es decir, en un producto cristalizado, todo el proceso de gestación, el 'status nascendi" de la obra humana.

La 'robotización' tecnológica, la autonomización acelerada de los signos promovida desde las tecnologías contemporáneas, la difusión e instrumentación de lasde las técnicascomo sistemas de reproducción programada, del controlsocial, de captura de lo imprevisible, conjuración de lo caótico en un régimen determinado, automatización de un orden determinado, todo esto deja en lo invisible el factor espontaneidad, el "status nascendi" de la producción humana.

Who shall survive es una apuesta ala supervivencia de la creatividad propiamente humana.

Es interesante ir al texto para encontrarse con observaciones y conclusiones que vendría bien no tomar por obvias: nos dice al respecto que la estructura psicológica subyacente (sic) de un grupo difiere profundamente de sus manifestaciones sociales; que grupos que ejercen funciones diferentes tienden hacia estructuras distintas; que estos agrupamientos espontáneos y las funciones que los individuos ejercen o desean ejercer poseen una influencia decisiva sobre las conductas individuales y colectivas; que la existencia simultánea de agrupamientos espontáneos y d grupos oficiales impuestos desde el poder, constituyen una fuente de conflictos latentes. " ... la organización de un grupo sólo puede ser completamente estudiada si se toman en consideración los grupos y los individuos que están en relación con dicho grupo, y... las relaciones de los individuos y de los grupos están tan entrelazadas que la colectividad a la que pertenecen termina por imponerse como terna de la investigación sociométrica” (Fundamentos para la sociometría).

Es decir, "más allá del átomo social, existen telestructuras invisibles que influyen en la posición del individuo."

Lúcida aproximación a una definición de lo inconciente.

Aquí aparece lo institucional en su dimensión "transversal" (Guattari), como dialéctica instituido-instituyente (Lourau), como lógica propia de lo inconciente (Lapassade).

Estas estructuras son para Moreno regímenes de configuración y funcionamiento de la subjetividad.

Moreno capta y rescata formidablemente la fuerza instituyente de lo social: "Una revolución social toma a la humanidad total corno sujeto de la experiencia. Si fuera posible participar activamente en ella, y al mismo tiempo observarla desde afuera, sería un buen punto de partida para un estudio de lasrevoluciones in status nascendi".

He aquí alrevolucionario. La revolución es estrategia de creación en un plan de transformación.

En Moreno, toda revolución, toda subversión humana se hace contra el instinto de muerte y su impulsión repetitiva.

El hombre revolucionario es el que se convierte en artífice de su creación y su destino.

Finalmente, lo que se pone de manifiesto en sus afirmaciones es la importancia clave dela relación que hayentre estado de creatividad y transformación social.

"Cuando estalla una revolución, la humanidad entra enuna fase de intensa creatividad... Las ideas que hasta entonces dormitaban se despiertan y surgen bajo formas nuevas, aparecen constelaciones exitantes y fecundas. Ocurre entonces algo análogo a lo que se puede observar en el enfermo mental que de pronto hace un episodio agudo, o también con lo que ocurre en las fases iniciales de una nueva religión, un desbordamiento de ideas y de acciones sublimes.


El grupalista

Las experiencias morenianas en el comienzo de sus descubrimientos, tienen una matriz común: se gestaban en condiciones de grupalidad: sus primeras intuiciones, sus primeras intervenciones se producen en grupos humanos in situ: pandillas, comunidades, agrupamientos, instituciones.

Los grupos con los que Moreno se inicia, porotro lado, son colectivos que se forman en los márgenes del discurso social: niños, prostitutas, refugiados; bordes de la sociedad de su época, masas de alta incidencia a lo instituyente, proclives a la resistencia ante los cánones instituidos de lo social: grupos aislados, rechazados o rechazantes (sic), denegados de los saberes de su histórico-social.

Dice Moreno: “La psicoterapia de grupo procede de tres fuentes: es una ramade la Medicina, y no es mera casualidad que fueran médicos los primeros precursores de la psicoterapia de grupo.

Su segunda fuente es la sociología, y la tercerfuente es la religión. Religión deriva de re-ligare: volver a ligar”.

Al reconocer estas tras fuentes, Moreno señala relación constitutiva y estructural que hay entre ellas como, prácticas y discursos inscriptos en determinado socio-histórico.

La psicoterapia, de hecho, como tal, se inicia tornando a estas fuentes como modelos de vinculación o intervención.

Lo que deja en la invisibilidad el misticismo cosmológico y universalista de Moreno, es que éste tenía absoluta conciencia de la incidencia de la terapéutica como responsabilidad social.

Uno de los aportes más radicales de Moreno en este plano, es la valorización de la pluridimensionalidad de lo grupal como función de agente terapéutico: "... un grupo se fragmenta en sus pequeños terapeutas individuales... que se convierten en mediadores terapéuticos”.

El público, el psicodrama, no es meramente un lugar en el dispositivo.

El otro, co-actor, yo-auxiliar, es un elemento básico la concepción morenianade alteridad.

Es a partir de la relación del sujeto humano al primer Otro, la madre, la cual "presta" su condición de sujeto deseante, de 'carretel", de objeto transicional, para que el infante vaya constituyéndose en el juego de roles, que se va perfilando la función de "auxiliar".

Encuanto a la función del director psicodramático, Moreno pone de relieve una serie de formulaciones de una fecundidad sorprendente. La función del director, en Moreno, es triple: director de escena, terapeuta y analista.

El psicodrama, como dispositivo se apoya en una disposición regulada del espacio, del tiempo y de los lugares.

En este "plan" distributivo, el director cumple básicamente una función inductiva, dentro de una estrategia operacional global que conlleva el montaje dramático ya la posterior participación del público.

Es decir, se trata de dirigir el proceso psicodramático.

Y esta dirección es básicamente estratégica.

Basta leer los protocolos de sus casos para ver allí un hábil despliegue de una serie de emplazamientos e intervenciones de eficaciainductiva, para condicionar al público yal protagonista que saldría de allí al estado psicofísico que se consideraba óptimo para la producción psicodramática.

“El terapeuta psicodramático... tiene que luchar para promover la productividad del paciente.

De aquí que la transferencia empiece a veces por parte de él y sea poderosa, como la de un hombre que ama a una mujer ytoma la iniciativa ... Es un encuentro auténtico, una luchade espíritus".

Presencia deseante del director analista, oferta que genera la posibilidad de espontaneidad y asociación.

Lejos de evitar los efectos de inducción de su carisma, Moreno convierte su estilo en método: todo es parte del warming: cada uno de sus gestos, palabras, pausas, movimientos, devienen instrumentos de dirección.

"El terapeuta, una vez que se ha esforzado en que el grupo y elprotagonista den principio a la asociación, se retira de la escena, se convierte en observador pasivo, yno toma parte en la representación.

Ha terminado la primera fase ycomienza la segunda del drama... En realidad al retirarse el terapeuta no hace si no preparar estratégicamente el gran combate... entran en escena mediante la interpretación de papeles de los yo auxiliares, otras personas que le son más próximas...

Cuanto más hacen aquellos su aparición, tanto más lo olvida (al terapeuta); y el terapeuta quiere que se le olvide, al menos en esta fase del psicodrama.

La dinámica de este olvido es fácil de explicar.

No sólo se debe a que el terapeuta jefe abandona la escena; es que entran en juego los terapeutas auxiliares, respecto de los cuales el paciente despliega relaciones mucho más importantes para él: ellos encarnan figuras y símbolos de su propio mundo".

Vemos cómo para Moreno, las transferencias laterales a los yo-auxiliares son tanto o más importantes que la centralizada al lugar del analista.

Finalmente la importancia del público: "La fase siguiente del psicodrama se convierte en desempeño dramático cuando el drama del auditorio toma el lugar de la producción del sujeto. El director desaparece en la escena al finde la primera fase: desaparece también la producción misma, y conella, los egos auxiliares...

El sujeto está ahora dividido entre sentimientos diversos; por un lado está triste porque todo ha terminado ya, y, por el otro, cree que se lo ha engañado y que estuvo loco al hacer un sacrificio cuya utilidad no puede percibir por completo.

Y es entonces,... cuando el sujeto advierte la presencia del auditorio... El complejo proceso de tele-empatía... se desplaza del escenario al auditorio... Cuando en el público, hay extraños que se levantan y exponen sus sentimientos nacidos de la producción psicodramática, el sujeto experimenta una nueva impresión de catarsis, una catarsis de grupo..." (Fundamentos para la sociometría).

Sin adentrarnos por ahora en las implicancias del concepto de catarsis, lo que se señala aquí es el despliegue de la alteridad en condiciones colectivas. La función de agente terapéutico no coincide con un lugar inamovible de supuesto saber o poder.

Una dirección coherente con una ética del deseo, apuntaría a que este lugar circule: "un paciente es agente terapéutico de otro, un grupo es agente terapéutico de otro: en esto consiste el principio de interacción terapéutica".

Y aquí entra su concepto de tele y su relación con el de transferencia freudiana:

La noción de tele ha sido siempre controvertida. Es uno de los agenciamientos morenianos más complejos y plantea una problemática que ha quedado abierta y que el concepto de transferencia no terminado resolver.

Tele como mínimo nivel de afectación entre individuaciones y multiplicidades.

No interesa su calidad, si bien Moreno la reduce a dos modos: de atracción y rechazo.El teleinvolucra aspectos sensoriomotrices, teleperceptivos, deseantes, ideológicos, químicos.

El tele, en tanto encuentro, sólo se puede producir como acontecimiento. Circula como flujos en sentidos múltiples (sic).

Antes que la transferencia, hay encuentro. Antes que la palabra, existe la acción. La transferencia se desarrolla sobre un aparato estructural previo, de poder.

No hay transferencia “neutra". La transferencia, anterior incluso a cualquier análisis, es institucional. Es aparato de Estado. Requiere de los mismos como sostenes de legitimidad de la misma.

Con la definición de tele, Moreno intenta apresar una dimensiónradical e inexplorada de la subjetividad humana.

No le interesa la determinación de las elecciones, de las redes identificatorias, de los impasses de la especularización; no le interesa su estructura vertical, sino su despliegue horizontal, "socio-métrico".

Corrientes de afectos, de pasiones y acciones que se apoyan siempre en la reciprocidad.

Esta idea, aparentemente inocua, lo que pone en juego es que no hay "objeto pantalla': hay siempre sujetos actores, actuantes. Hasta la noción de identidad entra en crisis cuando se desdibujan los límites entre sujeto(s) y objeto(s).

La transferencia freudiana no alcanza para comprender la multiplicidad de afectaciones ensituación grupal.

Puntúa una alteridad reducida a un Otro como Unico Interlocutor, único posible garante del diálogo terapéutico.

Transferencia predeterminada, obligada, verticalizada.

La multiplicidad de líneas de flujos hacen estallar la rigidez de las estructuras.

Hay que multiplicar los códigos, no contabilizar los elementos que lo componen.

No hay que capturar, entender las matemáticas, hay que enloquecerlas, hacerlas desbordar de los códigos.

Cuando Moreno distingue el sesgo "patológico" de la transferencia, no se remite sinoa lo mismo: la transferencia, es, de por sí, la actualización de un vínculo neurótico.

El tele no se reduce a esto. La transferencia es repetición neurótico, puesta en acto, de un segmento de verdad inconciente no reconocido, es sintomático. El tele es una dimensión productiva, no necesariamente repetitiva.

En cuanto a la noción de rol, que toma de George Mead, conviene remitirse a la letra del texto: “El rol aparece antes que surja el yo. No son los roles quienes emergen del yo, sino el yo quien puede emerger de los roles.

La emergencia del rol y la génesis del lenguaje son una y la misma cosa". No son imágenes de identificación, sino acciones que se ponen en juego en el ejercicio de roles.

Por esto tiene tanta importancia la clasificación que hace de las etapas evolutivas del proceso de individuación del sujeto humano.

En cada uno de ellos hay una puesta de desempeño de roles específicos. El infante y la madre intercambian roles, acciones que van configurando modalizaciones de relación entre el infans y su primer Otro.

Y a partir de este proceso de separación y diferenciación del sujeto infante con la Madre, Moreno articula las técnicas principales de que se vale el psicodrama.

El doble, el espejo y la inversión de roles corresponden, como técnicas a diferentes momentos de vinculación entre el sujeto y el Otro. Correspondencia de estructura que fundamenta la instrumentación de uno u otro recurso, en la dirección.


El filósofo de la creación

"Si el siglo XIX buscó el mínimo común denominador de la humanidad, el inconciente, el siglo XX descubrió o redescubrió su máximo denominador común: la espontaneidad y la creatividad'. Moreno redimensiona la cuestión delazaral relacionarla con lade espontaneidad. “'Siempre creí en el principio de la espontaneidad como el arma más poderosa del hombre creador."

Y no es casual que este factor, el azar, constituya una de las preocupaciones más vigentes de la ciencia, la política, la economía y la tecnología hoy en el mundo.

El azar, variable que muerde" como urgencia en el pensamiento filosófico-científico contemporáneo, es efecto de lo que escapa a la posibilidad de representación; pulsión de creación o de muerte de los aconteceres sociales e históricos; descompensación de los actuales regímenes de legalidad de la economía política; agujeros negros de la cosmología; caos disipante en la teoría físico-química; falla autónoma de la tecnologización.


Caos y creación siempre en vinculación

La teoría de Moreno constituye toda una pragmática. Moreno sustituye la anamnesis por el acto, la interpretación por la experimentación. Da cuenta también de toda una dimensión estética, que recupera lailusión de las apariencias, como lo han hechodurante siglos el arte, la poesía, el teatro.

"Toda figura de] ser desaparece por sí misma en el parecer, y ser y parecer se hunden en una risa. Este es el último teatro. El teatro de la improvisación fue el desencadenamiento de la apariencia y esta apariencia es el desencadenamiento de la vida" (Moreno: Psicoterapia de grupo y Psicodrama).

Una de las aristas más fecundas de su pensamiento es la categoría de encuentro y su relación con conceptualizaciones tales como la de tele y la de momento, y con la idea de TIEMPO que éstas involucran.

Según Moreno, Bergson se aproximó al problema más que cualquiera de los filósofos modernos.

En las ideas de tiempo y de instante bergsonianas, encontramos la categoría de acontecimiento como tiempo puro. A esto lo llama "momento". Hay en esta ¡dea, una lógica de tiempo "subjetivo", no cronológico, una temporalidad del instante.

Se trata, ni más ni menos, que de la temporalidad del inconciente, pulsación inconciente que sólo se manifiesta en un tiempo "vertiginoso" de futuro anterior (Lacan).

Hoy podemos articular estas elaboraciones con su teoría de la espontaneidad.

Esta rompe con la noción de conservación de energía dominante en las ciencias de su época, influyente, inclusive, en el modelo energético en el que Freud se apoya para construir su concepto de repetición. "Nos vemos obligados a distinguir dos clases de energía: una regida por el principio de conservación y otra que escapa a éste" (Moreno).

La espontaneidad no es un depósito energético, sino que emerge y se gasta de una sola vez, debe emerger para ser gastada y debe ser gastada para dar lugar a otro impulso o energía. Subyace en Moreno una apuesta a otro modelo, a otro régimen de circulación y producción deseante: como diría Pichón Riviére, Moreno apuesta a la creatividad, no a la repetición. Mas bien a lo irrepetible.

Crítica del modelo estructural de la libido. A Moreno no le interesa la idea de libido como flujo aprisionado en una estructura gramatical, capturado en un orden significante limitado a escaso intercambios, sino que restaura su condición de potencial desbordante, de virtualidad creativa. Recuperación del inconciente en su dimensión productiva.

Se advierte en su obra la anticipación de una polémica de las ideas hoy de suma vigencia, entre estructura-acontecimiento, entre repetición-creatividad.

En su noción de encuentro se concentra toda su perspectiva filosófica de la creación.

Porque encuentro es, primordialmente, choque, ruptura, con el otro (Encuentro deriva de "estar en contra").

No hay encuentro de totalidades que coinciden,no hay adecuación posible entre sujeto y objeto, hay “lucha entre espíritus”, confrontación productiva, efecto de deseo cuando éste se pone en juego en el encuentro humano.


El psicodramatista

El psicodrama es, según Moreno una praxis que busca la “verdad" del inconciente mediante métodos dramáticos.

El psicodrama supone toda una dimensión de la expresión: es el orden de la composición expresiva, no de la interpretación significativa. Lo expresivo es anterior aquí al sentido.

El artista hace “marca”, no significación.

Como dice Lorenz, los peces de coral son"carteles", es decir, lo expresivo, anterior incluso, a estructuras biológicas.

El psicodrama supone un territorio delimitado. Escenarios escalonados, ritualización de una praxis, encuadre del dispositivo que determina los efectos del mismo; territorio, marca, espacio, ceremonia “dramática”. Como lo es el teatro, como condición de su producción.

El psicodrama es una terapéutica que intenta llevar alsujeto a ser artífice de su propio texto, descubrir su propia verdad.

A partir del teatro de la improvisación, Moreno descubre que el verdadero símbolo de¡ teatro terapéutico es el hogarprivado. "Aquí surge el teatro en su másprofundo sentido, porque los secretos mejor guardados se resisten violentamente a ser tocados y expuestos. Es la primer casa, completamente privada, el lugar donde comienza y termina la vida, la casi del nacimiento y la casa de la muerte, lacasa de las más íntimas relaciones interpersonales, la que se convierte enescenario y telón de fondo... Los actores de la escena terapéutica son los habitantes del hogar- privado" Moreno: Psicodrama).

El psicodrama, como el juego, como el objeto transicional del que habla Winnicott, es, ante todo, condición de ficción en un espacio.

La vida, para Moreno, es un escenario, como puro acontecimiento: allí acontece la vida, la muerte, la locura, las pasiones.

La espontaneidad apunta al margen de disponibilidad al juego, entendiendo a éste no sólo como epifenómeno qué actúa y refuerza los fines biológicos y/o sociales, sino corno fenómeno su¡-géneris. "El psicodrama surgió a partir del juego".

El psicodrama se originaa partir del teatro de la improvisación de los principios que del mismo ya estaba elaborando Stanislavsky.

Es decir, es, básicamente un dispositivo clínico de creación.

Es a partir del juego, de su productividad imaginante, pero sobre todo, espacio de ENCARNACIÓN.

Es la encarnación (devenir carne, hacerse cuerpo y texto dramático).

En esta “otra escena” de ficción, lo que produce el efecto de convocatoria a otras “voces”, a otros "cuerpos" que "toman" a los actores en la escena.

Espacio organizador de lo imaginario, donde la locura, es decir, ese margen de confusión entre lo real y lo imaginario, se estructura con coherencia, porque el espacio de la ficción supone de por sí unaconvención: la de la creencia, la del artificio, lade la apariencia. Fórmula de la creación: atravesamiento del plano de lo concreto, producción ¡maginante de una otra dimensión.

Hablamos de la dimensión del juego, de ese resto de "locura" que tienen lascreencias, los mitos, las artes.

Hablamos de la dimensión del fort-da, pero no reduciéndolo a una reinscripción significante. El famoso juego del fort-da, del que nos habla Freud, matriz de todo juego, es mucho más que eso: es una escena plena, una acción que se desarrolla entre cuerpos y objetos, entre sujetos presentes y ausentes.

En ese movimiento tan simple que liga al niño con su carretel a través de los barrotes de su cuna hay todo un acontecer experiencial: no solamente la articulación significante que acompaña al movimiento, no es solamente la mirada como registro que pone de relieve laoposición presencia- ausencia: enese impulso, en ese ritmo, en esa caída, en ese deslizamiento, en ese ejercicio de la inercia y la gravedad de un objeto, ya se están inscribiendo las posibles y las no posibles movilizaciones en que el sujeto infante se vinculará no sólo con el Otro, sino, por sobre todo, con Lo Otro.

No hay curación sin creatividad, y no hay creatividad sin espontaneidad.

Así como en la evolución de la tragedia griega, el protagonista surge del coro y cobra hegemonía por sobre el mismo (conTespis y Esquilo) en psicodrama, el protagonista "emerge" del público como portador de un fragmento de la multiplicidad de subjetividades deseantes.

Varias son las correlaciones entre las formas del arte y el dispositivo psicodramático.

Moreno rescata, por sobre todo, el espíritu dionisíaco de la producción dramática. "La improvisación (impromptu) noes un sustituto del teatro, sino una forma artística independiente. El nombre de "Teatro"que se le ha asociado, ha dado lugar a analogías erróneas. Los historiadores del teatro han enseñado durante doscientos años que las obras dionisíacas improvisadas (Indias, griegas y europeas), fueron las precursoras del teatro dogmático, del drama; que la forma caótica “inferior" fue luego reemplazada por el teatro apolíneo “superior".

Es por esta misma valorización de la dimensión dionisíaca del teatro y del arte, que Moreno concibe la catarsis como catarsis de integración, por un lado, del protagonista, y por otro, como catarsis de integración en las líneas de conexión colectivas.

En cuanto a este polémico y mal comprendido concepto de la obra moreniana, catarsis, acotemos que en la misma hay una clara distinción entre el fenómeno de la catarsis integradora de la abreacción.

La catarsis de integración es efecto del estado de espontaneidad creadora. "En el curso de su enfermedad ha dedicado una gran cantidad de energía propia a las imágenes oníricas de su padre, su madre, su mujer y sus hijos, así como a ciertas imágenes que llevan en su interior una existencia propia: sus fantasías y alucinaciones. Gastó en ellas una gran parte de su espontaneidad, sufuerza y su productividad... seha vuelto pobre, débil, enfermo. Y ahora el psicodrarna ... le devuelve todo lo qué él había vinculado alas creaciones enajenadas de su espíritu ... cuando encarna las personas de sus alucinaciones, no sólo pierden éstas su poder y su magia sobre él, sino que recobra sus fuerzas para sí mismo..." ¿Qué es lo que se integra aquí? Un capítulo censurado de la historia del sujeto, su inconciente, para que la cadena deseante, obturada en la fijeza de la fantasmatización, pueda seguir circulando y produciendo.

Somos hablados hasta que pasarnos al escenario y encarnamos, improvisamos los libretos que desconocemos. El libreto del Otro, cercenado como taldel acontecimiento de nuestra historia, es recreado, transformado, violentado, multiplicado en versiones plurales en una catarsis de integración, y luego, en la catarsis de grupo.

En Moreno es claro que no se puede jugar a medias. “Si se juega, se juega a fondo. Para jugar bien hay que apasionarse. Para apasionarse hay que salir del mundo de lo concreto. Salir del mundo de lo concreto es introducirse en el mundo de la locura. De la locura hay que aprender a entrar y salir.

Sin introducirse en el mundo de la locura no hay creatividad.

Sin creatividad uno se burocratiza, se tornan hombres concretos. Repite las palabras del OTRO (e. Pavlovsky: Espacios y creatividad).


Bibliografía consultada

BOUDILLARD, J: Cultura y simulacros (Ed. Paidós)

DE BRASI, J. CARLOS: Subjetividad, grupalidad, identificaciones (Ed. Búsqueda Grupo Cero) Seminarios Centro de Psicodrama Psicoanalítico Grupal (Fichas mimeografiadas)

FERNÁNDEZ, ANA MARÍA: El campo grupal (Ed. Nueva Visión)

DELEUZE, G Y GUATTARI, F: Mil Mesetas (Ed. Júcar)

LACAN, J: Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis (Ed.Siglo XXI)

LOURAU, E: El análisis institucional (Ed. Amorrortu)

NIETZCHE, F: El origen de la tragedia (Ed. Poseidón)

MORENO, J. L.: Psicodrama (Ed. Hormé) Fundamentos de la sociometría (Ed. Paidós). Psicoterapia de grupos y psicodrama (Fondo de Cultura Económica)

PAVLOVSKY, E. KESSELMAN, H: Espacios y creatividad (Ed. Búsqueda)

PAVLOVSKY, C: La estética molecular de la escena en “Lo Grupal 8” (Ed. Búsqueda)

SAIDON, O: KAMKHAGI, V. R.: Psicodrama y proceso creador, Lo Grupal 4 (Ed. Búsqueda)

SAIDON, O: Seminarios sobre clínica ampliada (Centro de Psicodrama Psicoanalítico Grupal)


Líneas de Fuga

Por: Carolina Pavlovsky
Publicado en Revista Campo Grupal. Agosto de 2003.


El rostro es redundancia. Es el marco o pantalla. Rostro "bunker". La estrategia Norteamericana de colocar a Saddam Hussein como “el rostro” que se necesitaba para justificar una invasión terrorista planificada desde hace años; un rostro enemigo que capture todas las miradas (recordar la manipulación de los medios desde la ya primera invasión de Papá Bush) y que cargue con todas las culpas, ha fallado. Porque el "Nuevo Orden Mundial", como se lo llama, no calculó contrarrestar los efectos imprevisibles de la actual distribución mundial de poder.

El fascismo, la xenofobia, la necesidad de controlar cada vez más el Imperio su poder ampliándolo, crecen como hierba mala en, la huerta reseca de las utopías. De esto padece Norteamérica hoy.

Si hay algún motivo para sobrevivir, ése sería el de escapar al rostro. Deshacernos del rostro y las rostrificaciones: no caer en esa subjetividad demasiado humanizada, Primera Persona Singular: dureza callosa. El "yo" que Nietzsche quería disolver.

Pero cuestionar la "rostridad" es un movimiento que involucra toda nuestra subjetividad. No es una crítica neutral.

Sucede que, apunto de descubrir el gran arte del inconsciente: el arte de las MULTIPLICIDADES, no se cesa de volver a las unidades MOLARES.

Para un coordinador de grupos que no tiene el coraje de pasar imperceptible, el estar MOLECULAR puede sentirlo como puro caos.

No como la DANZA DEL EQUILIBRISTA SOBRE LA CUERDA para no quedar atrapado en niveles cerrados de sentido.

Tememos al caos.

El caos no se trata sino de OTROS ORDENES que desconocernos. Ordenes que se dejan captar si nos dejamos atrapar por la danza inquietante de signos vacíos, sometiéndonos al sin sentido, flotar sobre el modo de la superficie y la apariencia.

El problema no es el de la ORGANIZACIÓN, el SENTIDO, el de la ESTRUCTURA, sino el de la COMPOSICIÓN.

Composición que singulariza a la obra de arte con sus características de extrañeza, liquidez, instantaneidad, inhumanidad.

Composición de moléculas, de partículas de todo tipo, de afectos, de intensidades, de individuaciones sin sujeto (Deleuze, Guattari).

Es el juego vertiginoso de las apariencias desafiando al sujeto de la interpretación.

Juego que nos arranca del reino de la metáfora y nos sumerge en la seducción de las metamorfosis (Carolina Pavlovsky, Lo Grupal 8).


Pensamiento en imágenes

Es el pensamiento no gramatical, no estructural.

Es pensamiento de afectos, estados, intensidades, geografías, en fin, imágenes.

Nos malacostumbramos a conformamos con los estrechos desfiladeros del significante.

Y olvidamos nuestro verdadero cuerpo: el que sabe escuchar al corazón, a las vísceras, a los órganos: cuando éstos se convierten en grietas, líneas, antes que profeticen el futuro; cuando nos agradece el espíritu satisfecho con el silencio del cuerpo.

Un psicodramatista tiene que estar muy bien entrenado en el pensamientoen imágenes.

Si el psicodrama tiene su lugar en la clínica será porque es un dispositivo privilegiado para romper el sentido...cerrado, bloqueado de una historia individual.

Porque su materia prima tiene que ver con este concepto, pensamiento en imágenes, el cual más que transitar una "historia" dibuja una "geografía". De mapas, líneas, bloques, intensidades.

Es importante que el psicodramatista tenga claro la importancia de este concepto-máquina deseante. Cuando se trabaja con un sujeto, es fundamental estar atento a la formación de imágenes en su pensamiento.

A veces el psicodramatista debe estar transferencialmente “adelante”, imaginando él antes, o al más fiel estilo moreniano: inducirlo a imaginar.

Proyectamos fragmentos, escenas de películas, teatrales, pequeñas fotografías-mapas, recuerdos en cámara lenta, recuerdos cortados a bisel.

La capacidad IMAGINANTE nos sumerge en otro lugar, donde se habita de otra formael espacio, el más ínfimo movimiento, las velocidades, las intensidades o la pobreza de una voz, de un gesto, de una pausa, una mirada, los sonidos de los objetos cuando hablan, el silencio ensordecedor de los cuerpos cuando vibran.

Es comprobable que las imágenes, como la compleja multiplicidad registro perceptivo, no tienen la tendencia automática de acomodarse en una historia.

Un psicodramatista no despliega, escenifica "historias", montajes argumentales muchas veces limitados a la intimidad familiarista. Apenas con fragmentos: velocidades, no secuencias, ritmos y arritmias variados, no tiempos esperablemente regulados, destellos y evanescenias más que la previsibilidad de la luz y de la sombra.

La experiencia psicodramática, donde sea y como sea que se lleve cabo, pierde su método y su sentido si se le teme a la intensidad. “Para que una cosa tenga sentido, ... hace falta una ilusión, de movimiento imaginario de desafío a lo real, que nos arrastre, que nos seduzca que nos rebele." (J, Baudrillard).

Crear y sostener las condiciones de FICCION, de juego, es nada menos que el eje del quehacer psicodramático.

No debe importar el contenido del texto narrado, lo que realmente importa es diseñar, crear un clima de ficción.

Sumergir al protagonista y a los miembros del público-grupo en las intensidades de la escena-ficción, hacer del espacio psicodramático un espacio transicional.

Estar atento al clima, mantenerlo, o aún, intensificarlo. Pero no perderlo.

La intensidad es calor, y es caos. Es el momento de mayor producción creativa del artista.

La materia prima del psicodrama es la IMAGINACION, o mejor decir FUNCIÓN IMAGINANTE.

Mas no esperes recompensa ni reconocimientos, aunque creas merecerlos.

Esta tarea es desnuda, cruda, solitaria también.

La coordinación de una singularidad colectiva debería trabajar conla máscara del que circula entre todos sin hacer de su presencia algo más notorio que su presencia misma.

Para coordinar un grupo hay que ser humilde, sumamente humilde, aunque atento, abierto, mas no cobarde, y listo a ponerle el cuerpo cualquier obstáculo que hubiese de surgir.

No resolver problemas, sino ponerles el cuerpo, oponérseles, sostenerles, transformarles, hacerles bailar con nuestro cuerpo propio, para seguir adelante.

El agente de salud mental o aquel que roza en alguna medida estas cuestiones, no es un agente NEUTRO, lamentablemente para algunos es un hecho, asumido enotros cuyo orgullo despierta.

Se trata de la subjetividad pura: lo colectivo, lo personal, las transversalidades, lo intermedio, puro intersticio.

Respetar la singular subjetividad grupal es seguir sus líneas que a una primera impresión nos aparecen como caóticas, recostarnos sobre su movimiento ondular, aunque desdoblándonos en una atención permanente.

Continua o alternada, según los modos de percepción individuales.

Coordinar también requiera de nuestra capacidad o entrenamiento en la DISOCIACIÓN. Disociación con la que trabajaba Freud.

No hay que temerle a esta función defensiva del aparato psíquico, sino aprender a utilizarla como a una herramienta fuerte de defensa en esta defensa en esta difícil y deliciosa dedicación al Psicodrama.

Estas reflexiones, si vale llamarlas así, porque no intensidades, son parte de un pensamiento que vertebra la formación de la corriente de Psicodrama supervisada por Eduardo Tato Pavlovsky, creador, junto con Hernán Kesselman y Luis Friedlewsky (fallecido en 1979),del concepto teórico-técnico de Multiplicación dramática.

Esta no se agota, no queda reducida a los rudimentos de una técnica aplicada.

Supone toda concepción acerca de la PRODUCCIÓN DE SENTIDO.

La multiplicación es un verdadero acto de intervención institucional, grupal, subjetiva.

Tiene que ver con las afecciones, los contagios, los estados, más que con lecturas de interpretación edípica.

Matriz de creatividad. Creatividad sin sujeto.

Se aprecian líneas que fugan a velocidades incomprensibles, líneas bloqueadas en callejones sin salida, otras que se arrastran como gusanos para seguir abriéndose camino, algunas líneas pasan, otras no. Y por DONDE, más que PORQUE.

Se trata de recuperar la ilusión de las apariencias "baudrillanas" como lo han hecho durante siglos el arte, el teatro, la poesía.

Y la multiplicación dramática indaga de manera ejemplar esta dimensión. Y lo grupal puede ser un instrumento privilegiado para evitar la captura de un sentido hegemónico.

La resonancia grupal hace etallar el sentido monocular de una escena.

Y en esto va mucho lo que se refiere a la creatividad, aunque a veces se la nombra sin entender de¡ todo qué significa. Y es que aquí el entendimiento vale poco, cuanto mucho más provecho se saca en NO entender, dejar acaecer.

Aún con dolor, sólo la creatividad salva al hombre, cambia su historia, le da armas para transformar la historia con semejantes, su destino.

Y llegando aquí, tratándose de las potencias de la creatividad, hago pausa en este camino de la escritura, ya que otro capítulo merece la riqueza de este tema.


Apuntes acerca del cuerpo (sin órganos)

Por: Carolina Pavlovsky
Publicado en la Revista Campo Grupal, marzo de 2007


Suplir la interpretación por la experimentación

No irse del cuerpo. Para mejor poder dejar el cuerpo. Prestarle atención - al Corazón, a las Vísceras, a sus ritmos, a sus arritmias, a su CAMPO DE EXPRESIÓN BIOLÓGICA. Guiarse por los ritmos más moleculares de los Cuerpos. DANZA. Danza de moléculas, de pasiones, de líneas.

Las líneas de¡ cuerpo: abrir las líneas de fuga, pero buscando siempre el EJE: el eje depende del centro de gravedad.

La gravedad provoca estallidos y creación estelares. Gravedad como ley, como máquina y metáfora compositiva. El eje posible en el cuerpo posible, en el espacio posible: defender los territorios que conquista, pero no dejar de circular nómademente porsus estepas.

Ser un guerrero del cuerpo: TUPAC AMARU: Cuerpo de la Resistencia, pero precisamente por estar atravesado por tangentes, intersticios, "quebraduras". Cuerpo - experiencia: dejarse despedazar pero para ser indespedazable.

Ser extranjero en su propio territorio. Moverse como recién llegado. No ser siempre el anfitrión; no hablar siempre en Nuestro Propio Nombre: esa Primera Persona Singular Dureza Callosa Yo - Moi; esa subjetividad demasiado humanizada, ese "deber ser" sujeto, buen anfitrión, al fin de cuentas.

Ser el foráneo, el ajeno: circular por los márgenes; ser el marginal en nuestra propia casa.

El cuerpo no deja de traicionar. Ser traidor, entonces, aliarse al corazón. Agenciarse aliados. Traicionar algún sentido. Ser rebelde. No hay creación, no hay vida posible sin transgresión. Transgresión de nuestras propias normas, sobre todo. Ruptura de códigos. No contabilizar los elementos del código, sino enloquecerle, hacerlo desbordar.

Fuga de la Máquina: energía que se manifiesta no siempre en regímenes de repetición, sino en direcciones imprevisibles y multidimensionales; como reencarnaciones: formas de corporizar energías inherentes a la apropiación maquínica del deseo.

Suplir la interpretación por la EXPERIMENTACIÓN. Hacer de la experiencia un entrenamiento; diseñar un mapa - programa, programar trayectos, en sus avances, detenimientos, retrocesos necesarios. Y convertir estas estrategias en una liberación.

La única manera de entrenar un cuerpo es HACIÉNDOLO. Hacer cuerpo. Devenir cuerpo, a mejor dicho devenir corporalidad, como una estrella nace, deviene, muere.

Detener el diálogo interno, en tanto diálogo estructural, de preguntas y respuestas, decía Don Juan (Carlos Castañeda), maestro del cuerpo - experiencia. Santa Gramática, que no tolera el silencio ensordecedor de los cuerpos cuando callan, el lenguaje mudo de los procesos somáticos de metamorfosis, la danza inquietante de signos cuando hablan los objetos no orgánicos.

Ser fiel a las líneas de flujo deseante; al trazado de estas líneas en su singularidad: para ver mejor cuál pasa, cuál no pasa. Líneas bloqueadas en callejones, otras que atraviesan o "saltan" vacíos; líneas que arrastran, atraen, capturan a las demás, como poderosos agujeros negros, líneas que tienen una específica tendencia a la dispersión, como gases estelares.

Tener, hacerse un cuerpo de líneas flexibles: no hacerlo encajar necesariamente en los organismos imaginarios que debieran ser y nunca serán: micropolítica de los cuerpos.


Ideas acerca de la clínica y los cuerpos

Clínica como arte de COMPOSICIÓN, más que de INTERPETACIÓN. Clínica corno estrategias geográficas: construir un mapa en un desierto, seguir se recorrido, todo mapa es orientativo. No coincide con el territorio: sobre el mismo terreno se pueden trazar mapas alternativos. Clínica como ciencia geológica, que opera sobre estratos, superficies en constante devenir, clínica como metáfora termodinámica, que sabe guiarse por umbrales de intensidad, entre velocidades y ritmos diversos.

Una clínica que se apoya en líneas duras, segmentarias, sólo puede contener, frenar, cortar, asesinar: mantener bajo control las líneas de des-bordes cuando éstas se inscriben en los cuerpos, y en las acciones de los mismos. DISCIPLINAMIENTO de los cuerpos. Apogeo de las técnicas como modos de sometimiento, examen y control: regímenes de captura social.

Hoy se asiste al retorno de los cuerpos que las tecnologías no computan: cuerpos como restos de la anti-producción, restos amontonados, sin caras ni nombres; de las guerras, de los cataclismos - violaciones sobre el Cuerpo Madre Tierra, que no dejan sobrevivientes; restos vaciados de la desnutrición infantil; cuerpos virtuales sin fisuras, planos, objetos de consumo de una sociedad pasiva y obesa de imágenes.

Retorno de los cuerpos que la ciencia no logra capturar, ni aún en sus utopías de repeticiones aberrantes genéticas. Hoy ya casi no asistimos a una clínica del SÍNTOMA, sino a una clínica de la PRODUCCIÓN DE MÁQUINAS DURAS SOBRE CUERPOS CATATÓNICOS.

Los cuerpos fragmentados de las psicosis, vidriosos de la drogadicción; cuerpo débil y quejoso de las hipocondrías actuales: falla de la Medicina: órganos que se resisten a ser estudiados, curados, clasificados, enmudecidos. Cuerpos hipertensos, desafectivizados producidos cotidianamente en las grandes concentraciones urbanas. Nuevas patologías. Retorno molesto de los cuerpos de la niñez, sometidos a una adultización precoz, expulsados para siempre de su campo de experiencia singular, la máquina feroz de¡ neocapitalismo no respeta los derechos de la infancia.

Retorno inquietante del cuerpo de la adolescencia, retorno terrorífico del cuerpo de la vejez, anulado como tal en tanto TERRITORIO DE EXPERIENCIA Y MEMORIA, incómodo para una ciencia que dice interesarse en los secretos de la vida y la muerte, cuando en los hechos parece querer momificar el fluir entrópico del tiempo en programas de Internet y en la investigación clónica.

Retorno de los cuerpos que el mismo psicoanálisis expulsó de su doctrina: el del esquizo, del paranoico, del marginado, del alcohólico, etcétera, etcétera...

Cuerpos que hoy se manifiestan como arena de esclavitud, cárcel de pulsiones, que ya no tienen anos, pero que se expresan bajo regímenes de terror.


Cuerpos sin órganos

Si hay un tipo de discurso social que se ha acercado y mimetizado por momentos casi a extremos delirantes con el discurso de lo policíaco, es precisamente el de la SALUD MENTAL. Todas las producciones enunciativas alrededor de ciertos temas que incumben a lo marginal, como ser el Sida, o la droga, tanto sean científicas, culturales, tecnológicas, cierran las preguntas en vez de abrirlas.

No se producen preguntas, sino que se imponen enunciados de un alto nivel de eficacia como estrategia de control.

Los cuerpos de la drogadicción, de las psicosis, de la marginación, aún las anorexias, aparecen entonces como líneas de fuga que escapan a la segmentaridad dura del Cuerpo Programado.

La muerte no es solamente la muerte física: es una línea de aniquilación que atraviesa los cuerpos más saludables. Mortificación en vida de la creatividad humana. Se necesitan cuerpos sanos, previsiblemente sanos para controlarlos mejor. Este es el punto, el tema que a toda psicología le cuesta pensar: el de la EXPERIENCIA y el de la SIGNIFICACION SOCIAL de esa EXPERIENCIA.

En tanto la experimentación se ve cada vez más restringida, sóloquedan alternativas extremas, transgresoras de experiencia.

La pregunta que la clínica debiera hacerse es: ¿cómo hacer el pasaje por la experiencia sin involucrar el desgaste del cuerpo. O bien ¿por qué la salud no basta? ¿por qué la "grieta" es a veces ineludible en el encuentro con el deseo? Quizás sea porque nunca se ha pensado sino por ella y sus bordes. ¿Hay alguna otra salud que la de un cuerpo que sobrevive lo más lejos posible a su propia cicatriz, a una grieta que no cesa de inscribirse? La grieta es sólo una palabra. Hasta que el cuerpo no se ha comprometido con ella, hasta que el hígado, el cerebro, los órganos no presentan estas líneas en las que se lee el futuro, y que profetizan por sí mismas.

Ante la muerte de nada nos sirven conceptos resignantes como el de castración, por dar sólo un ejemplo. SOLO NOS SIRVE UN LARGO ENTRENAMIENTO EN SOBREVIVIR. CONTRAPONER A LA GRIETA, A LA EFECTUACIÓN DOLOROSA DEL ACONTECIMIENTO, UNA "CONTRA-EFECTUACIÓN", QUE LA LIMITE, LA INTERPRETE, LA TRANSFIGURE. Hay que acompañarse a sí mismo primero para sobrevivir, cuando se muere. (Deleuze). El acontecimiento no debe confundirse con su inevitable efectuación, la grieta no detenerse en el crujido de cada cuerpo. Hay que transmudar elapuñalamiento de los cuerpos, "ametrallarniento" de la superficie de todo acontecimiento... sobrevolar la grieta...

La problemática del drogarse se cierra cuando es tomada en forma sustantiva: La droga: se trata de UNA sustancia, de la relación entre un cuerpo y un objeto que le falta. Así como la esquizofrenia se manifiesta como proceso de irreductibilidad totalizadora, de resistencia a la constitución de objetos totales, expulsados de entrada del reino totalitario de la representación, la droga es una máquina de drenar flujos: flujos corporales, de capitales, de bandas, a velocidades incapturables e imprevisibles.

Pero la singularidad de drogarse, el tema de la droga concierne de manera inquietante al DEVENIR ANIMAL del hombre: cuerpo animal, olfato animal, velocidad animal, sensibilidades del devenir animal específico a cada estado. Del devenir- vegetal del hombre: se trata, al fin de cuentas de un matrimonio metabólico entre las plantas y los cuerpos: devenir químico - molecular del ser humano; pura química fluyendo por las venas.

La droga es una cuestión de "bodas" entre cuerpos y objetos, pero sobretodo entre cuerpos y el espíritu que cada química produce como conexión. Bodas de altas y a veces mortales dosis de fidelidad. Bodas por contagio, asimilación metabólica, pasiones y encuentros moleculares felices o infelices. Las bodas son siempre entre moléculas, partículas, singularidades; entre ritmos, umbrales de velocidad y de temperaturas. Entre bandas, territorios, organizaciones.

Si la droga es hoy una problemática en este social - histórico es por que hemos perdido la capacidad de reconocer nuestros orígenes más remotos, de reconocernos, a través del polvo de los siglos, en otros modos de producir y relacionarse con lo real, en otros modos de experiencia, propia de hombres de carne y hueso, sujetos a otros modos de gozar y sufrir. Hay un origen DIONISIACO, de intensidades mistéricas y sublimes, de ceremonias y rituales jamás solitarios, de una comprensión de la Naturaleza en donde la humanidad es parte y protagonista de un DRAMA, argumento que intenta develar encarnándolo, transmutándose en Naturaleza. Hoy se diría que el drogarse son sólo los restos, apenas un gesto desesperado e inútil por restituir lo dionisíaco de la cultura, de dialogar con dioses ya muertos, pero que en épocas remotas constituían una realidad tan necesariamente tangible como lo cotidiano.


Cuerpos – producto

Hoy los cuerpos no devienen en sus dimensiones vitales. Se fabrican. Fabulosas maquinarias de fabricación, mutación, transformación aberrante de cuerpos. No se ve el proceso, éste se oculta; lo que nos llega son los cuerpos como producto acabado. Nueva forma de DISCIPLINAMIENTO. Auge del APLANAMIENTO de los cuerpos. En estas culturas de espectadores catatónicos, ávidos adictos consumidores de imágenes, la imagen ya no tiene por qué responder a la realidad. Habla por sí sola. Crece como un tumor, cobra poder sobre los cuerpos. DICTADURA DEL FASHION: la violencia simbólica de la imagen se impone por su mismo encubrimiento; encubrimiento deliberado de su relación con el poder, poder al que se agencian incalculables intereses económico-políticos. Cultura de la ROSTRIDAD. "Imponeuna imagen y controlarás gran parte delmercado".

La opinión pública es fácilmente narcotizada por la fascinación que produce la ilusión de los cuerpos sin fisura, planos. Las estrategias de los medios manipulando el uso de la imagen producen realidades despóticas. La imagen borra las diferencias: no deja pasar otras ideas, otros cuerpos, otros flujos, otras utopías, otros "modelos" del ser.

Los cuerpos no están hechos para soportar estructuras tan fijas como las dictadas por las modas, cada vez más homogéneas. Los cuerpos están atravesados por múltiples afectaciones, responden a diversidades en sus modos de dejarse afectar.

LA ANOREXIA - LA BULIMIA: nuevos mercados para una clínica hambrienta y mísera, que intenta reducir estos fenómenos a la mera urgencia de un síntoma: ni siquiera son cuadros nosográficos nuevos. Son, más bien verdaderos ACTOS DE SABOTAJE al "DEBER SER" de fin de milenio. No son "desórdenes", pero desordenan, como líneas de flujo, las líneas duras de la moda. Son la manifestación de OTROS modos de relación con el CONSUMO. Dos modos diferentes de "hacer cuerpo" con el alimento.

Dejemos a las anoréxicas un poco sublimar sus cuerpos, dejemos a las bulímicas un poco sus catarsis hedónicas con la comida. Hay que ser un poco loco, un poco drogadicto, un poco anoréxico, un poco bulímico, un poco alcohólico, un poco guerrillero, lo justo para atravesar la experiencia, pero no demasiado, para no profundizar la grieta, la herida hasta su límite.


El cuerpo sobrio

Devenir sobrio de los cuerpos: las líneas más difíciles de sostener. Devenir sobrio no tiene necesariamente que ver sólo con sustancias que se incorporan, se ingieren, hacen máquinas cerrada con los cuerpos. Se trata de la transmutación de los cuerpos. Voluntad de un plan de consistencia, de una estrategia de sobrevivencia. La sobriedad es un devenir del espíritu. Pero devenir imperceptible sin caer en los duros estratos de¡ ascetismo.

Danza del equilibrista sobre la cuerda, para no quedar atrapado en niveles cerrados de existencia.

Devenir utopía. Pero en determinados socio-históricos, las utopías deben ser creadas, deben tener un plan de consistencia para poder ser efectuadas. Hay que inventar nuevas utopías cuando nos han pulverizado la máquina deseante de la ética social. Las esperanzas de un socialisrno posible y real hoy parecen obsoletas. Y sin embargo hoy asistimos a la vigencia de un régimen de producción de subjetividad que bien podría elevar a Marx al nivel de uno de los genios más indiscutido del siglo XIX: los antagonismos sociales, cada vez más extremos, la instalación de democracias dependientes hasta lo obsceno en los países tercermundistas, en relación con un Primer Mundo, concebido desde hace décadas para instalar de forma atroz e impune la división internacional del trabajo, gracias a la cual la explotación asesina de unas clases sociales por otras se denomina "progreso".

Cada vez quedará más gente a la vera del camino. La desnacionalización de las políticas latinoamericanas proporcionan la comida, además de la saliva, y los grandes latifundios se limitan a devorar. La desigualdad asume magnitudes cada vez más contundentes y dramáticas. Cientos de millones de niños sabemos que serán inmolados por la desnutrición en el próximo milenio. Las dictaduras ya no son necesarias para eliminar futuras insurgencias.

Estamos anestesiados, intoxicados por el veneno aniquilador del neo-capitalismo. La impotencia del subdesarrollo se confunde interesadamente con el presunto escepticismo y vacío de destino que nos tocó como nación.

Devenir sobrios es mantener la memoria.

"Toda memoria es subversiva, y también todo proyecto de futuro... Y en la historia de los hombres cada acto de destrucción encuentra su respuesta, tarde o temprano, en un acto de creación" (Eduardo Galeano, Las Venas Abiertas de América Latina, 1975).


La diciplinarización de la marginalidad

Por: Carolina Pavlovsky.
Publicado en la Revista Campo Grupal, marzo de 2007.


La propuesta de presente trabajo es intentar abordar determinados focos de una realidad socio-política, económica, específicamente coyuntural, a partir de una lectura de líneas centrífugas; de acercamientos aproximativos, no de equivalencias; de interrogantes, no de certezas. Una lectura que apele a saberes múltiples, locales, contra la coacción de los discursos unitarios y hegemónicos. Esfuerzo de elucidación crítica dirigido a luchar contra las formas y los efectos de poder, allí donde éste es a la vez objeto e instrumento en el orden del saber, de las prácticas, de la ciencia, de los discursos. Interrogando las concepciones y principios que penetran nuestra educación, nuestros sistemas de gobierno, nuestros modos de producción y consumo, nuestras inscripciones a lo social, llámese familia, grupo de trabajo, clase social, etc., nuestros cuerpos, nuestras formas de enfermar y de curar.


¿Víctimas de lo social?

Lo social somatiza a través de sus víctimas, sean éstos seres individuales, grupos humanos, instituciones, sectores sociales. La somatización de lo social: "brotes" de lo social: focos de concentración de fuerzas; juegos, estrategias de fuerzas que anudan puntos neurálgicos del cuerpo social.

Dentro del amplio dominio de las prácticas sociales, asistimos a una llamativa proliferación de iniciativas, campañas de prevención, organismos e instituciones, proyectos de investigación (sean todos estos de carácter oficial o no oficial, público o privado), políticas administrativas (o sus esbozos), proyectos de ley, eventos científicos y/o culturales, programas sanitarios y de enseñanza, tecnologías, especializacionesprofesionales,noticiasperiodísticas, mensajes publicitarios, consensos de opinión, etc. alrededor de ciertos focos de "sufrimiento" social. Lo social sufre por sus zonas más sensibles, por sus nudos neurálgicos; no tanto por sus límites más débiles, sino por sus "urgencias": alta concentración de peligro por desplazamientos, movimientos, estallidos, concentraciones, efervescencias; "temblores" que superan el umbral de tolerancia social.

La INFANCIA, la ADOLESCENCIA, zonas de urgente intervención asistencias científica, política, administrativa, gubernamental, profesional, tecnológica. Asistimos a una suerte de amplificación y diversificación de aparatos de intervención institucional, que no parece corresponderse necesariamente con aumentos estadísticos de las poblaciones de riesgo, sino más bien con lo que se ha acertado en llamar la diversificación de estrategias de control social. (Para las cuales no dudan en prestar sus servicios especialistas y técnicos profesionales de todos los ámbitos y orientaciones de la psicología en la actualidad).


La colaboración entre estrategias

Debería ser consecuencia de las libertades democráticas el que una sociedad pueda ejercer la problematización de sus actos, sus principios, sus determinaciones en todos SUS dominios. Sin embargo, somos testigos de que los sistemas democráticos, a diferencia de los totalitarios, parecen producir sus propios instrumentos de defensa frente a todo aquello que desestabilice sus bases más sólidas; mediante mecanismos de poder más finos y sutiles. En efecto, los dispositivos de dominio social no se reducen ya a procedimientos represivos; hoy por hoy parece que se asiste a una valoración de recursos más "neutros": se trata de la implantación de sofisticados dispositivos de control y normativización, que lejos de operar mediante comandos criminales entrenados en la represión, neutraliza los focos de problematización social a través de una infiltración, en el tejido social, de técnicas manipuladoras y esquemas de intervención adoctrinantes. Estrategia que lo social se da para coaccionar sobre todo aquello que considere energías inútiles y conductas irregulares.

Y no será casual que sean la DELINCUENCIA y la PATOLOGIA MENTAL los dos terrenos de mayor urgencia socio- técnico-científico actual. Pero es interesante observar que lo que vemos producirse hoy es un desdibujamiento de las fronteras entre sus respectivos campos. Frente a la misma emergencia social, llámese "chicos de la calle", "barras bravas", "abuso de drogas": formas de intervención, esquemas de prevención alarmantemente similares: la normativización, por encima de todo, borrando los límites entre patología individual y condición colectiva. Se trata de una interpenetración de espacios, funciones y métodos que pertenecen a los aparatos sociales de control represivo, por un lado, y a los aparatos de control sanitario, por otro (a la cabeza de los cuales se alzan como paradigmas las dos instituciones más totalitarias de todos los tiempos: la cárcel y el manicomio). Pero no parecen ser los dos únicos dominios afectados por su mutuo entrecruzamiento: la "persuasión psicológica" ha sido una herramienta hábilmente manipulada por las Fuerzas Armadas en sus gestiones, como lo evidencian los últimos episodios militares acontecidos; los aparatos de la Educación y los de la administración de la Justicia, se ven atravesados por procedimientos y discursos cuyos móviles, semejantes entre sí parecen ser la detección y el control de cada vez más novedosas y variadas nosografías patológicas. Al respecto, un ejemplo coyuntural, es el peso consensual que logran las "consideraciones psicológicas" impuestas desde los medios de difusión y las opiniones especializadas, que, denunciando el daño psíquico causado a una familia adoptiva, legitiman, de esta manera, el secuestro y robo de menores.


La singularidad de lo marginal

La marginalidad es otra cosa que el síntoma de lo social: es la manifestación singular por la cual lo social padece sus cuestionamientos al orden establecido. No hay que olvidar que, en última instancia, se trata de grupos marginales; grupos que quizás no encuentren razones objetivas para oponerse a la normatividad instituida, pero que son masas de alta proclividad al cambio social, y que "muerden" en las zonas más frágiles del sistema. La drogadicción, la delincuencia infanto-juvenil, el vagabundeo urbano de menores: víctimas y victimarios se confunden. Un menor de doce años, integrante de una patota de púberes y adolescentes, baleado en un intento de asalto, es ¿víctima o plaga social? El adicto adolescente nos enfrenta con nuestros más íntimos principios, porque cuestiona descaradamente la ética de su familia y la de la comunidad en la que vive, pero presa de mecanismos de segregación, termina siendo considerado, tras la fachada de humanitarismo asistencial, como un verdadero enemigo público.

Lo social conjura el peligro expulsándolo, proyectándolo en un objeto externo: la droga (aunque no las que la sociedad sí se permite) y de esta manera, la familia conserva su status de institución incuestionable (a pesar de que el entorno familiar del drogadicto suele caracterizarse por una impúdica complicidad con ciertas transgresiones a su mismo código moral: el robo, el fraude, la mentira, el adulterio en sus formas más promiscuas, el alcoholismo y otras adicciones, etc); o bien la calle o la patota, y de esta forma, quedan entre paréntesis los factores políticos y sociales de la miseria, y la desintegración familiar que conlleva. (Vale la pena recordar que la única violencia que se denuncia es aquella generada en los sectores marginales más pobres, mientras que en las "márgenes" de los barrios más ricos, los hijos ociosos de las clases pudientes, se entrenan, al amparo de modas importadas, en la altiva y moderna violencia neofachista).

Paradójicas formas de abordaje que se da un sistema para neutralizar los riesgos: por un lado, defendiendo a rajatablas los valores de la familia; por otro, permitiendo la desintegración moral y social de familias y comunidades enteras, cuyos lazos simbólicos se ven pulverizados frente a las necesidades de supervivencia.

La marginalidad: estallido por donde irrumpe el sin sentido en el cuerpo social, agujero de lo social por donde se desbarranca todo el universo de significaciones de la sociedad (vacío que los intereses en juego están siempre listos a obturar con imposiciones de sentidos). Forma extrema de adaptación a una sociedad violenta, adicta, hipócrita, inmoral, injusta, que sólo está dispuesta a asumirse como tal a costa de inmolar sus más sensibles sectores sociales. Y lo que se impone a la atención es la sutileza de las tácticas: no de la exclusión lisa y llana de lo "aberrante", sino mediante su clasificación, su categorización, su señalamiento, su denuncia, su etiquetamiento, su sometimiento a exámenes e intervenciones. El poder se ejerce así individualizando disfunciones, patogeneizando todo aquello que caiga en el dominio de lo diferente. Poder que ya no se ubica en las instancias superiores de censura, sino que se hunde y penetra toda la malla social; poder que tiene que ser analizado como algo que circula, nunca definitivamente localizado, si no que funciona y se ejercita a través de elementos de conexión estratégicas. Pero, por sobre todo, lo marginal se convierte en amenaza cuando empieza a basar su fuerza en su vocación de grupo. Grupo, quizás, sin ninguna lucidez de sus contingencias situacionales e históricas, que se niega a reconocer el carácter precario y transitorio de su existencia, en tanto se cierre sobre sí mismo. Pero, como todo grupo humano, lleva en sí mismo el germen de una potencialidad transformadora: aún desde su impotencia, el grupo puede ser portador de algo que decir y hacer, aunque más no sea, hablar juntos de su impotencia. Entonces, ninguna estrategia para conjurar esta amenaza es más efectiva, que alienar la fuerza de lo marginal en la vulnerabilidad de los seres individuales. El resultado es la producción de series de individuos desguarnecidos, enfermos, expuestos fácilmente a las contingencias de la vida y la historia. Individuos modelados por la máquina social dominante, para desconocer sus condiciones respecto de los procesos de producción, distribución y consumo, respecto de su lugar en la sociedad, y el de sus semejantes.


Disciplinar, no reprimir

En todo caso, lo que resulta significativo es la cantidad y variedad de discursos y prácticas que han empezado a fomentase como dispositivos de detección, prevención y tratamiento de las desviaciones. Pero pecaríamos de complaciente ingenuidad si no reconociéramos que la "asistencia" de todas las formas de marginación está absolutamente implicada en estas políticas higienizantes de control. Las tendencias y criterios "terapéuticos" tanto de la administración pública, como de las iniciativas privadas para el tratamiento de estas perturbaciones sociales, y el matiz que han adquirido la publicidad del tema y el manejo de la información, están adoptando un manifiesto corte adoctrinante. Todos los dispositivos de prevención, educación, información pública, en el marco de estas nuevas gestiones frente a los sectores marginales, comienzan a caracterizarse por una voluntad disciplinante y correctivo. La vocación terapéutica que proclaman, no excluye, en efecto, una función represiva, y opera mediante el mecanismo de violentación simbólica, imponiendo significaciones y definiciones como legítimas y disimulando sus relaciones con intereses económicos y políticos de poder. (Fundaciones y campañas financiados con capitales extranjeros, que importan metodologías ya comprobadas como ineficaces en los países más industrializados). Efecto complementario de un conjunto de estrategias que inventa y define para sí tantos modos de enfermar, delinquir, o marginarse de la sociedad como nuevos métodos para curar, castigar, o "asistir" a los marginales que produce.


A manera de cierre: abrir interrogantes

Es claro que no podemos comprender totalmente dónde y cómo estamos parados cada uno de nosotros en estas políticas, adónde nos dirigimos, cuándo pretendemos, desde nuestra práxis, modificar algo del sufrimiento humano, ni tampoco podemos visualizar lo que las nuevas maquinarias sociales se aprestan a hacer de los enfermos mentales, los drogadictos, los delincuentes, los sin techo, en suma, de todos los marginales improductivos y otros indeseables. Pero que este desconocimiento no paralice el intento de elucidación. El re-equilibrio de las relaciones de poder que se efectúa en la actualidad, nos obliga a preguntarnos respecto del lugar que nos toca ocupar dentro de las redes de esta nueva forma de distribución del poder. ¿Al servicio de qué concepciones de la sociedad, de la enfermedad, de la salud, comprometemos nuestras prácticas? ¿Cuáles son las condiciones desde las cuales nos insertamos en la cadena productiva, en lo que atañe a nuestras especializaciones profesionales? 0, yendo más allá, de qué manera, estas implicancias afectan nuestro modo de vida, nuestra ética, nuestros actos?

La era de la "persuasión psicológica" nos toca también a nosotros, país dependiente y afecta todas las instituciones y organizaciones, desde la enseñanza a la Iglesia, y hasta las Fuerzas Armadas. Redes más finas de control social, listas a patogeneizar todo aquello que pueda ser susceptible de convertirse, en algún momento, en instrumento cuestionador. Y en este juego de fuerzas, no hay neutrales desde una u otra trinchera, ya estamos implicados hasta los huesos.


Bibliografía

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R. CASTEL, FRANCOISE CASTEL, ANNE LOVELL: "Le sociedad psiquiátrica avanzada: el modelo norteamericanos, Editorial Anagrama.

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ANA PERNANDEZ: Clases teóricas de la Facultad de Psicología de la U.B.A.

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GRIFFITH EDWARDS: "Un enfoque más equilibrado de la toxicomanía. Correo de la Unesco. Enero de 1982.

F. GUATTARI: "Psicoanálisis y Transversalidad". Editorial Siglo XXI


Ditirambo Psicodramatico

Por: Carolina Pavlovsky.
Publicado en la Revista Lo Grupal 8, Editorial Búsqueda, marzo de 2008.


Deseo llamar la atención acerca de cuestiones que atañen al  complejo y fascinante ejercicio de la dirección en psicodrama, en los múltiples quehaceres en los que se realiza.

La práctica del psicodrama supone una concepción del acontecimiento, de la categoría de encuentro, régimen de tiempos no cronológicos;  de lo teatral en sus fases primeras en su devenir dionisiaco, donde la espontaneidad y la improvisación juegan el papel principal: motor de lo teatral. Es el ditirambo nietzschiano, agujero negro de la creatividad, anhelo de anhelos, esa voluntad de ser Zaratustra, voluntad de crear, crueldad de transformar: hay algo de rituales dionisíacos, de intensidades inéditas: “romped las viejas tablas, vosotros, los hombres del conocimiento...!”  (Nietzsche) ; angustia ineludible de la creatividad humana.

Se trata de más ni menos que de la materia dramática, o sea de las acciones y pasiones entre cuerpos. Las singularidades resuenan, se recaptan entre sí, cruzan el umbral hacia otros devenires.

Dirigir en psicodrama por esto, no es una práctica neutra sino plena de problemáticas a desplegar. Desplegar no es desentrañar. No sacar las entrañas a nada, sino sobre volar, sobrevolar la herida... Crear es traicionar, hay que desaparecer, devenir desconocido, perder el rostro. Se es con mucho. Un humilde anfitrión del juego.

No es una práctica neutra en cuanto a su lugar en relació con las constelaciones del saber y del poder. La responsabilidad social de todo agente clínico ya lo destacaba J. Moreno -creador del psicodrama- por estar sujeto a múltiples transferencias sociales, institucionales, políticas, económicas. Sujeto a múltiples atravesamientos de los cuales es básica la máxima conciencia que se tenga de ellos. Máximo coeficiente de transversalidad. Entrenarse Cuerpo Sin Órganos. Micropolíticas.

Todo esto atañe a la cuestión del psicodrama y a la función que cumple allí la dirección como intervención CLÍNICA. Hablamos de una CLÍNICA AMPLIADA. Clínica que abandone sus refugios sedentarios para animarse a transitar por la incapturable creación de la producción deseante. Las formas sociales en las que estamos sumergidos hoy  ya no responden a determinismos estructurales, no se dejan capturar por la causalidad que desencadena una estructura. Seguramente estemos asistiendo a órdenes rizomáticos de funcionamiento, sino también al surgimiento de una ética y de una estética rizomáticas.

Hay un devenir subjetivo en la dirección, que supone afectarse con la textura de la trama dramática, dejarse ser parte del cuadro, devenir escenario como puro acontecimiento, ser una pincelada en la tela, ser puro color, hacerse objeto y partícula de objeto. Dejarse mixturizar , los “entres”. “Qué  os dice vuestro cuerpo sobre vuestra alma? Hay que tornarse océano” (Nietzsche).

 La dirección de una escena psicodramática propone el difícil ejercicio de entrar y salir, cambiar los ángulos de enfoque, captaciones molares, captaciones moleculares. No se trata de “mirar desde adentro” alusión equívoca al sesgo contratransferencial de la implicancia deseante del director. Hay que entrenar una dirección que sepa tolerar los balbuceos, las metamorfosis que transcurren en las superficies de las proposiciones y las palabras, que sepa tolerar los sonidos de los objetos cuando hablan, el silencio ensordecedor de los cuerpos cuando vibran.

Aceptar y  propiciar un intercambio atento de la escena protagónica,  a la dimensión grupal y viceversa. Tener “cintura” para  percibir ambos focos.

Cuando los integrantes del grupo se afectan con la escena y participan emocionalmente: cuanto más se “abre” una escena protagónica, un discurso monocular, a las resonancias grupales  -ya sea a partir de la multiplicación dramática, ya sea por el interjuego de lineas a trabajar entre los planos individual y el grupal entre las resonancias más sutiles que acontecen-  más multiplicidad de sentido se creará.

En cuanto a la cuestión de la dirección, citemos s Nietzsche::”Quien aspire a la gloria debe despedirse a tiempo de los honores y ejercer el arte difícil de- marcharse a tiempo”. Insistimos en la importancia de la percepción que se tiene de nuestra implicancia en relación con el poder. Y en relación por lo tanto, del uso y definición del concepto de transferencia . Poder devenir molecular en los momentos de máxima necesidad de rostridad., supone poner bajo la mira de nuestro análisis nuestros más cobardes atajos narcisistas.”También el trono se asienta en el fango”(Nietzsche). Esta es una dedicación que requiere suficientes estructuras de demora, no es un camino fácil. Tampoco nos sirve ampararnos en estilos aprendidos, debemos crear el nuestro. Nuestro estilo, con sus torpezas, y sus encantos.”Para ser dueño de mí tengo que estar desprevenido.” (Nietzsche).

El director de escenas en psicodrama no está libre del goce del estéta. El artista improvisador debe animarse, subir la pendiente, como dice Moreno. Lejos de gestiones de higiene científica Moreno convierte su inducción, su carisma, su presencia  en eje principal de su método.

 Pero no hablamos de una estética preconcebida, sino de lo más impersonal, lo más instantáneo, lo más inhumano, que es lo que caracteriza a las obras de arte, con sus rasgos de extrañeza, liquidez, instantaneidad, inhumanidad... Dice Ionesco: ”La creación supone una libertad total, se trata de un proceso diferente al del pensamiento conceptual. Hay dos tipos de conocimiento: el conocimiento lógico y el conocimiento estético, intuitivo, “hacer cuerpo CON la escena.” “Nada de una conversación, sino una conspiración, un arrebato de amor o de odio”. No nos queda otra salida, dice Deleuze, que agenciar entre los agenciamientos, cuando se dirige. ”Experimentad”.

El ritmo de las escenas. Sus ritmos, sus arritmias,y el ritmo del director; hay un “entre la escena”, el protagonista, el director, un diálogo de cuerpos, con sus distancias, sus pausas, sus silencios, sus exabruptos. He aquí la crueldad de la dirección, su efectuación, su marca, su intervención precisa y multiplicadora.

Hay que forzar al pensamiento, convertirlo en un punto de alucinación, una experimentación que lo violenta.

La escena como acontecimiento, como agenciamiento, siempre colectivo, de multiplicidades, territorios, devenires, afectos.

Se trata de crueldad en tanto hay que hacer que el encuentro penetre las relaciones y los cuerpos, lo corrompa todo, mine el ser, lo haga bascular.

Romper los binarismos en la dirección misma: ésto o ésto otro? ¿es ésta o la latente, la susodicha escena del secretito edipiano? Dirigir pensando la conjunción Y con la complejidad de un recurso técnico. Hacer un uso de los verbos en INFINITIVO. No los sujetos de los enunciados, ni los núcleos de los predicados, sino acciones entre cuerpos. Aprender a huir sin apenas uno moverse.Hay una voluntad no interpretativa sino lúdica, voluntad de PODER jugar, devenir, imaginar. Voluntad de poner el cuerpo, oponerle el cuerpo a los obstáculos, hacerlos bailar con nuestra propia danza, ver qué líneas pasan, y por dónde  más que porqué.

Escapar al rostro: las líneas más difíciles de sostener,el devenir sobrio, devenir imperceptible. Ya decíamos que cuestionar la rostridad es un movimiento que involucra toda nuestra subjetividad. Por esto no es una crítica neutral.

El estar MOLECULAR puede sentirse como puro caos, caos grupal, caos en el cuerpo. Pero hay una danza  que se crea allí, que se recrea constantemente mientras dura el encuentro entre el equilibrista,  la cuerda,  el espacio, el público, individuaciones  no totalizadas.

Nosotros nos hemos planteado la cuestión de la CREATIVIDAD en la dirección de escenas, la escena en tanto fragmento caleidoscópico, no como argumento cerrado. La función imaginante, la concepción dramática como visión y modo de intervención en la dirección.

La capacidad de juego del director en psicodrama incide básicamente en la función estratégica de acompañamiento psicocorporal. Nos recuerda la homología que hace Moreno del director con la antigua función del chamán. Como precedente del “sanador” terapéutico. No es casual que ambas prácticas dependan de un despliegue ritual.

Hay una resistencia del director de escenas: nuestras fobias narcicistas: tenemos fobia a ser el anónimo pero también el anómalo.

Hay que ejercitar una CONTRAEFECTUACION  agorafóbica.  Se trata de deconstruir una arquitectura de  miedos contra lo nuevo lo que deviene desorden, anomalía más que enfermedad. La enfermedad es puro resentimiento, para Nietzsche. La anomalía es transgresíon de códigos.

La escena, como el acontecimiento no se agota en su mera efectuación, hay una suerte de “cumplimiento que no logra realizar, un devenir que no cesa de alcanzarnos y a la vez de precedernos”.  Contraefectuar el acontecimiento, con  nuestro cuerpo sin órganos.

La escena como agenciamiento es una multiplicidad de elementos heterogéneos, hay en la escena más que relaciones, bodas contra natura deleuzianas, encuentros no siempre recíprocos que se afectan entre sí.

Lo que todo director de escenas debe tener en cuenta es que no es lo mismo el RECUERDO RELATADO que la ACCIÓN DE LOS CUERPOS en estado de espontaneidad.

La resistencia  a dramatizar tiene que ver con que problemas privados son tratados en público, “ propiedades psicológicas privadas, experiencias del carácter más íntimo.. .esta pérdida de todo lo que la individualidad implicaba no puede efectuarse sin lucha; se le pide al individuo que sacrifique su espléndido aislamiento, pero no está seguro que el psicodrama pueda restituirle su inversión.”  (Moreno).

Aquí entra la diversidad grupal como instrumento de restitución.

Finalmente destacamos la importancia de  la CREATIVIDAD del psicodramatista y de todo agente clínico en última instancia.

“... del mundo de la locura hay que aprender a entrar y salir.
Sin introducirse en la locura no hay creatividad. Sin creatividad uno se burocratiza –se torna hombre concreto. Repite palabras de otro (E. Pavlovsky)


La estética molecular de la escena
o los límites del psicodrama


Por: Carolina Pavlovsky.
Publicado en la Revista Campo Grupal, abril de 2008.


Estas apreciaciones intentan ser una reflexión crítica acerca de la producción psicodramática, tanto en el dominio de su práctica como en el de la teoría.

La crítica no es un ejercicio frente al cual podamos preservar nuestra neutralidad. No hay crítica neutra: toda práctica y toda teoría puede y debe ser interrogada según su posicionamiento efectivo en relación a la problemática del poder, según su modo de concepción y ejercicio; poder que se agencia en la naturalización de las formulaciones, como estrategia para sostener la jerarquía de ciertos discursos, prácticas y saberes.

Pero aún, ni siquiera nuestra integridad queda inmune: el acto de desmistificación  que supone pone bajo la mira de nuestro análisis la materialidad del objeto de nuestras operaciones, involucra en un movimiento dialéctico, nuestra propia subjetividad, afectando sus más sólidos referentes.

Cabe entonces preguntarnos ¿qué noción de clínica estamos manejando? ¿qué concepciones de enfermedad, de cura, subyacen en la práctica del psicodrama? El alcance de estas preguntas supera las intenciones de este trabajo, pero abordaremos la cuestión por la vía que más nos compromete en aquello de “ poner el cuerpo” : ¿cómo se hace un psicodramatista? ¿cuáles son las condiciones de elaboración y ejercicio de su experiencia?

¿cuáles son los referentes desde los cuales se posiciona en su especificidad?.

Si en algún momento de su historia, el psicodrama fué el “sátiro”de los abusos catárquicos, hoy parece correr el riesgo de transformarse en una técnica de adiestramiento y neutralización afectiva. “La técnica se convierte en una forma de anticipar y prever lo imprevisible” (Juan C. De Brasi), en política de control (aquí hay que aplicar inversión de roles, allí conviene un soliloquio, etc...), cuando detrás de su voluntad interpretativa, neutraliza la intensidad pulsional, y puede ser entonces un borde rígido para conjurar un desborde de flujos afectivos.

El perfil del psicodramatista en nuestro país, lleva la marca indisoluble, indiferentemente de la orientación que más le cuadre, de una tradición psicoanalítica, y de una formación en la experiencia de los llamados pequeños grupos.

Pero poco riguroso en su generalidad, en el ejercicio de conceptuar su práctica, más inclinado a acumular experiencias “ vivenciales” que al debate teórico de las ideas, el psicodramatista parece no encontrar su verdadero estatuto como agente de su quehacer y su saber: ¿coordinador (de grupos)?, ¿animador?, ¿terapeuta corporal?. Vocación aún marginada y dispersa en el campo de las prácticas “psi”, con un estrecho margen de literatura que responda a los interrogantes que hoy le plantea una praxis que parece haber bajado la guardia para legitimar su lugar como método de experiencia y campo de investigación (literatura a la que a veces recurre como a un manual de recetas), el psicodramatista no cree ya en la sigularidad de su especificidad: parece haber olvidado que el psicodrama es uno de los dispositivos de intervención clínica más polémicos, pero también más creativos que el siglo xx haya inventado.

El psicodrama, obligado a expiar su seducción, su exhibicionismo, su inclinación dionisíaca por las catarsis descontroladas, arrinconado frente al avance de dogmatismos teóricos frente a los que se ve compelido a rendir cuenta de su nivel científico, no seria del todo osado sostener que, en nuestro contexto, se ve reducido a una práctica “filial” que, en tanto no genere su propio espacio alternativo de producción, busca reconocerse invocando obedientemente, la “paternidad” de una generación pionera, que aún hoy sigue siendo la vanguardia de un pensamiento siempre vivo y transformador.

Sería hora de preguntarnos si con esta gratitud reverencial hacia quienes nos despejaron el campo de acción, no los estamos abandonando a la soledad de los héroes sin descendencia, y por lo tanto, sin interlocutores.

El psicodramatista se ha vuelto silencioso, extremadamente cuidadoso en su movimientos, pulcro con sus intervenciones, bajo la consigna de mantener en el nivel mínimo la variable de inducción. Ha adquirido un estilo grave, ascético, neutro, monocorde. El auge de la apuesta bajo la mira crítica del deseo del analista –y de todo agente clínico en última instancia-, deriva con peligrosa facilidad hacia una gimnasia del autocontrol.

La era de la soft tecnology  ha invadido también las disciplinas de la curación. El psicodramatista es un operador más entrenado en los modales silenciosos de la abstinencia y la moderación, que en la sensibilidad estética de la dramaturgia.

Si en sus orígenes, el psicodrama se proclamó como revolución creadora (aunque en Moreno parece haberse agotado en una religión de la espontaneidad), y en los años 60-70 florece como una de las formas técnicas del happening, la deintoxicación expresiv, el sensitivy training (modo de apropiación y control del sistema capitalista americano para convertir en negocio redituable y poner al servicio de su mantenimiento todo tipo de movimiento de cierto corte innovador, como sucedió con el hippismo, en la misma década), decíamos, en la actualidad lo acecha el peligro de reducirse a una sofisticación amanerada, un instrumento de simulación que no pasa del amague. Forma obscena del antiteatro (Baudrillard).

No lo impulsa ya una filosofía de la improvisación (impromptu) como forma artística dionisíaca, sino que lo “compulsa” la presión sofocante de las categorías psicoanalíticas desde las que se lo ha intentado articular.

En haras de limitar los efectos de poder de su práctica el atributo de director no le sienta cómodo a todo aquél que ejerce el psicodrama.
La dirección de la escena se le ha vuelto problemática. Interviene desde una exterioridad prudencial. No toca casi al paciente, no interrumpe sino para mantener en un umbral tolerable (elaborable) la intensidad emocional de la escena. Opera a distancia en un oficio de guantes blancos.

Contrariamente a estas gestiones de higiene científica, en Moreno se ve a las claras que la marcada incidencia que no sólo su presencia, sino también su emplazamiento corporal, el tono de su voz, su contacto físico, su distancia, su despliegue siempre buscador de algún efecto en el protagonista o en el público, no era un factor a evitar sino todo lo contrario, eje principal de su método. La descripción detallada que hace de las funciones de director revela que de lo que se trata allí, no es de un punteo de reglas técnicas, sino de unas estrategias hábilmente dispuestas para condicionar al público y luego al protagonista que saldría de allí, al estado psicofísico que Moreno consideraba óptimo para desplegar una dramatización. Maestro en el arte de la inducción, calculador táctico de los efectos de sugestión de su carisma, todo era parte del warming: cada uno de sus movimientos, de sus palabras, cumplían a la manera de un orden ritual, una función de eficacia inductiva dentro de una estrategia global que llevaba al montaje de una escena protagónica. Hasta la idea de los escenarios escalonados da cuenta del carácter casi ceremonial (disposición regulada del espacio) que suponía el proceso de la dramatización.

Pero lejos hoy ya de los delirios de grandeza morenianos, vestirnos con los ropajes que nos prestaron los “estilos” aprendidos, no es una coartada suficiente para desconocer el alcance de una práctica cuyos efectos superan los rudimentos de una técnica aplicada.

No se puede dirigir sin violentar la materia, sin el recurso a una acción que descentra, altera, transgrede el eje del sentido de un texto original. El proceso de la dirección es siempre activo, deseante casi al extermo del goce, puesta en acto de presencia inexorable, sigularidad que talla toda la autoridad de su marca en un texto original. Es densidad deseante, no una transparencia neutral. “Hay texto escrito listo para ser transgredido” (Fridlewsky, Kesselman, Pavlovsky).

El psicodrama no debería aspirar a legitimarse desde su adaptación a los parámetros vigentes de las disciplinas más rigurosas, sino más bien constituyéndose y manteniéndose como espacio alternativo de investigación y de creación. No es en los paradigmas de cientificidad sino en una concepción de la libertad y el deseo donde el psicodrama puede encontrar la dirección de su método.

Dejando sin cerrar las preocupaciones que guiaron estas conjeturas, abrimos el juego de otra apuesta en la que interesamos nuestra reflexión. Dos citas encabezan nuestra propuesta: “En la relación entre historia e imagen, aquella me parece como un vampiro que intenta chupar la sangre a las imágenes. Estas últimas son muy delicadas, como caracoles que se repliegan cuando se toca su antena. Tampoco quieren trabajar como caballos; no les gusta cargar ni transportar: ni mensajes ni sentidos, ni propósito ni moral” (Wim Wenders).

La otra es de Gilles Deleuze, de su libro LOGICA DEL SENTIDO: “Es a fuerza de deslizarse que se pasará del otro lado; ya que el otro lado no es sino el sentido inverso. Y si no hay nada que ver detrás del telón, es que todo lo visible o más bien, ytoda la ciencia posible, está a lo largo del telón, que basta con seguir lo bastante lejos y lo bastante estrechamente, lo bastante superficialmente, como para invertir lo derecho... No hay pues unas aventuras de Alicia, sino una aventura: su subida a la superficie, su repudio de la falsa profundidad, su descubrimiento de que todo ocurre en la frontera”.

Nos planteamos de entrada una serie de cuestionamientos: ¿qué tipo de configuración conceptual conforma la definición de escena en psicodrama, y de que manera estas conceptualizaciones regimentan nuestros modos de intervenir clínicamente?.

La tarea supone en efecto, oponer, desintegrar, hacer estallar cada uno de los supuestos que inciden en la instrumentación de una noción tan particular y tan poco sometida a análisis críticos, como es la de escena psicodramática. El “hecho” deberá ser “deshecho” para elucidar en su irradiada composición las condiciones de su enunciación y su proiducción. (Juan C. De Brasi).

Veamos algunas definiciones. La noción de escena está directamente vinculada a algunas de las principales articulaciones del psicoanálisis desde sus orígenes: escena traumática-huella mnémica-representación-fantasía-signo-símbolo.

En la clínica freudiana, la teoría traumática da pronto paso a la preeminencia de la realidad psíquica (fantasía). Ya desde 1897 Freud distingue a los fantasmas como procesos de traducción. De la opacidad de lo real del trauma a la inscripción representacional La representación como proceso de inscripción, registro y organización de los primitivos complejos perceptivos abiertos. (Carta 52 a Fliess).

La noción de fantasma en la diacronía de la obra de Lacan, fué operando transformaciones cuyo recorrido nos permita explorar la trayectoria de su teorización. A partir de 1960, el estatuto del fantasma sufre un giro radical: a partir de concebirlo como una construcción que opera como pantalla sobre un vació (real) no significable, lo sitúa en una relación fundamental con lo no representable, aquello que categorizar como resto incapturable. Pero aún aquí, en el límite de la estructura, no se la puede pensar sino dentro de su propia lógica. El fantasma cumple aquí función de axioma, de articulación gramatical. Es la lógica que organiza las disyunciones de lo funcional. Se está, por lo tanto, en un muy específico registro de lo inconciente: el inconciente representativo en tanto se sostiene que las pulsiones son silenciosas, necesitan sin embargo, un representante en el Ello. Pulsiones siempre sometidas a representantes psíquicos.

Es decir: a pesar de que en las últimas teorizaciones psicoanalíticas lo real como tierra de nadie, se impone fatalmente como límite de la supremacía del significante- y también del Psicoanálisis- no se renuncia al desafío siempre forzado de hacer pasar a la pulsión por los desfiladeros estrechos y ya prefigurados del significante, impotentizando al inconciente como puro flujo que des-borda cualquier tipo de contorno topológico.

Se trata de cuestionar la noción de inconciente y fantasma como registros cristalizados, de reevaluarlas como producciones de la economía deseante (J. C. De Brasi).

Ahora bien, el concepto de fantasía en psicoanálisis,alude a un argumento, organizado en secuencias, en las que se halla presente el sujeto en una trama que articula personajes, roles, atributos, acciones, y representa la escenificación de un deseo inconciente. (Laplanche y Pontalis).

Las características escénicas de la fantasía están directamente en relación con la dimensión dramática que se atribuye al nivel fantasmático. Fantasma como configuración de escasos, aunque intercambiables y aún contradictorios elementos.

Toda una apreciación del acontecer grupal se apoya en este modelo dramático del fantasma: la organización grupal interna del fantasma individual (Kaes, Missenard), la estructura dramática del grupo interno (Pichón Riviere). Modelo que remite a la segunda tópica freudiana, en la que Freud concibió la relación entre instancias como si se tratara de un grupo personalizado.

La escena como producto conceptual, es tomada así como unidad de análisis de la producción psicodramática (Martínez Bouquet), y constituye también el objeto principal de investigación de un determinado pensamiento clínico )M.Bouquet, F.Moccio, E.Pavlovsky).

También toda la noción de representación domina la concepción de la escena. Representación como discurso organizado, sistema de signos, estructura de lenguaje (David  Maldavsky). Representación que se impone como régimen estructurante de la realidad.(J.C.De Brassi).

Las primeras teorizaciones más o menos acabadas sobre una metapsicología del psicodrama(G.yP.Lemoine), conciben a la representación básicamente a partir de la consideración del juego del carretel, o del fort-da, descrito por Freud, como matriz de todo psicodrama: simbolización de una ausencia, evocación de un objeto ausente, perdido de entrada. El lugar de la representación es la escena o dramatización. Dramatizar implica el reencuentro, en el orden significante, con el objeto de la realidad. Realidad ya no alucinada, sino producida desde la representación. La representación posibilita ir del fracaso de la repetición como encuetro fallido con dicho objeto, al duelo, es decir, a la representación simbólica del mismo. He aquí, para esta corriente de pensamiento, la eficacia del psicodrama.

Pero lo que está en juego aquí es:¿quién simboliza? ¿quién evoca qué? ¿dónde está elñ sujeto y dónde el objeto en esta construcción significante? ¿es un mismo y único sujeto el que corresponde a estas acciones? ¿es siempre la misma calidad, el mismo estatuto de subjetividad lo que está en cuestión? ¿Porqué privilegiar la posición de sujeto, por qué defender esta ficción de una voluntad, de una conciencia, incluso de un inconciente del sujeto? (Baudrillard).

En “Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis”, de J.lacan, la representación representante aparece fundamentalmente ligada a la idea de afánasis, desaparición subjetiva. El surgimiento de la subjetividad aparece como vacilación radical. Es más: el fort-da no da cuenta del sujeto ejerciendo una función de dominio frente al objeto,sino todo lo contrario, del momento de desvanecimiento subjetivo. Si bien es cierto que para Lacan, este desvanecimiento se produce exclusivamente en el plano significante, es precisamente lo que no puede ser representado (caída del significante unario bajo la barra) lo que opera como motor de la cadena deseante. Es decir, si bien advertimos el momento de la supremacía de los signos, para una lectura lacaniana, podríamos aventurar, desde otra perspectriva, la supremacía del objeto carretel, en los modos en que se manifiesta como materialidad pura, en su condición de “signo” gravitacional, su autonomía silenciosa, su inercia simulada mediante la cual se deja tomar como presa para escurrirse mejor. Es en relación a esta idea de hiancia subjetiva (fuerza iaugural de la repetición) que se perfila uno de los aportes conceptuales más radicales y peor aprovechados de Lacan: el objeto a como potencia y proceso maquínicos de desubjetivización. Maquina sin sujeto; maquinación del deseo (¿y por   qué no del goce?) en tanto irreductible, inasimilable a los órdenes estructurales.

“Objetalidad” que establece un real concebido “más allá” del deseo, como su causa; sin embargo, lo que aquí se esboza es un objeto que se burla de estas determinaciones; objeto que no tiene vocación: ni de causa, ni de deseo, ni de sentido. Régimen de la superficie y la apariencia, este imperio “fatal” (Baudrillard) sólo puede habitarse sometiéndose a su sin sentido, dejándose seducir por la danza inquietante de sus signos vacíos, por su banalidad, su no previsibillidad, su impertubabilidad.

La importancia que tiene la noción de representación en psicodrama, es su relación con una determinada concepción de lo imaginario y lo simbólico.  Cuando el valor de una imagen es pasible de plasmarse en una representación, en una figuración representativa, pasa del nivel imaginario para adquirir función simbólica (Marcelo Percia).

Por otro lado, el término ESCENA, proviene del griego SKENE: parte o tienda del teatro donde representaban los actores. Ya su definición supone coordenadas que la delimitan y la sitúan. La escena implica un argumento que la vertebra, personajes, interacciones (M.Bouquet).  Abordar la escena como despliegue espacializado de la imagen, significa concebir una cierta geometría del espacio, una cierta función de la imagen (la geometría es precisamente la medida de las correspondencias punto por punto entre imágenes en un espacio). La escena presupone un marco que la encuadra y la delimita. Pero ¿qué es lo que hay que enmarcar y encuadrar? ¿a qué hay que ponerle límites? “La cultura del marco nos hace voyeristas, para espiar la vida desde el marco”(J.C.De Brasi).

Hay una particular calidad de lo inconciente que atraviesa toda la perspectiva de la escena psicodramática, tanto en el campo de ssus prácticas como en el de sus formulaciones. El dispositivo psicodramático, sólo puede operar, desde allí, con una determinada dimensión de lo inconciente: su dimensión teatral, figurativa, simbólica.

El intento de generar un desafío que ponga en crisis,interrogue, resignifique una praxis de intervención de un orden de riqueza y complejidad tales como es el psicodrama, supone restaurar al inconciente, como acontecimientación de la producción psicodramática, en su dimensión productiva. Se trata de deshumanizar al inconciente (O.Saidón), desde una perspectiva estética molecular .  Se trata de problematizar al inconciente en tanto privatizado, antro`pomorfizado, que sólo puede dar cuenta de su subjetividad personalizada; subjetividad producida desde una dramática reducida a la intimidad familiarista, o desde una lógica significante limitada a escasos intercambios.  Recuperar al inconciente en su calidad incorporal, impersonal, preindividual, más allá de lo general y lo particular, de lo colectivo y de lo privado (G.Deleuze). Inconciente como multiplicidad de encuentros, de afectaciones, de parcialidades que no logran totalizarse nunca. Inconciente no sujeto a las lógicas de las homologías internas entre contenidos latentes y manifiestos; inconciente cuyos sentidos no resisten desde las profundidades, sino que fluye y se distribuye entre los pliegues e intersticios de las superficies.

Hablamos de recuperar la ilusión de las apariencias, como lo han hecho durante siglos el arte, el teatro, la poesía.

La Multiplicación Dramática indaga de manera ejemplar esta dimensión.No agotándose en un recurso dramático más, supone toda una concepción de la producción de sentido. Acción de transversalidad, despliegue de la producción inconciente intersubjetiva, colectiva, institucional. Encontramos sus antecedentes en las contribuciones de M.Bouquet: la escena desde el punto de vista de los individuos que constituyen al grupo, y en el dispositivo de las escenas temidas del coordinador de grupos (Fridlewsky, Kesselman, Pavlovsky). En la multiplicaciópn dramática, la transformación estética del conflicto original se da por la pluridimensionalidad de perspectivas subjetivas.

Se recupera el fenómeno estético como irreductible a la prfundidad de los sentidos, a partir del recurso al grupo. Es el grupo, por las múlriples versiones subjetivadas que presta, el que hace estallar el sentido monocular de una escena.El grupo puede ser el instrumento privilegiado para evitar la captura de un sentido hegemónico.

Lo que se intenta aquí reivindicar es también una lectura estética, no interpretativa. Pero le sumamos otra intención: la de violentar el eterno esplendor de una subjetividad humanizada. Estética de las conexiones y ligaciones sensibles,en una superficie sin espesor ni consistencia; estética que quiebre la opacidad de la escena como pantalla con la caótica transparencia de automatismos, balbuceos, sonidos humanos e inhumanos, partículas corporales e incorpporales afectándose mutuamente en la proximidad y en la distancia infinitas. Una estética que no quede fascinada por la simulación de la máscara, sino que desnude la belleza de una simultaneidad de muecas en permanente metamorfosis en la misma máscara; atravesar la escena no como relación construida, sino como múltiple universo de destellos, impresiones,percepciones moleculares; buscar las calidades singulares de la producción psicodramática en los intersticios de la trama expresiva. Interrumpir el gesto antes de que se desarrolle como código indicial. Lentificar el movimiento para captarlo antes de que anticipe el sentido, o bien acelerarlo de tal modo que se adelante al mismo. Pero para abrir, en cada micromovimiento,en cada  micropercepción, la vertiginosidad de la pulsación inconciente por la que supuran múltiples historias.

En una sesión, Marcela no sabe cómo hacer valer su tiempo, cómo privilegiar las actividades que la ocupan. Se le propone espacializar con almohadones las áreas en conflicto, distribuirlos en el espacio según la “distancia” o la “proximidad” afectivas. El ejercicio fracasa. La indecisión la inmoviliza. Queda en silencio, abrumada, y los almohadones, apilados sobre su falda.  Me pregunto el porqué del fracaso:¿montante demasiado alto de angustia? ¿indicio de transferencia negativa en forma de “negativismo a la propuesta? ¿resistencia defensiva frente a la proximidad de algún conflicto inconciente?

Un movimiento casi imperceptible me interrumpe de pedirle un soliloquio donde “confiese su dificultad”: distraídamente, con la mano hace “pasar” los almohadones. Le pregunto qué vé en lo que está haciendo. “No sé”. Insisto. “Como revisando un fichero”. Le pido solamente que repita el movimiento.  A partir de la repetición, y de las velocidades, Marcela acelera, lentifica, descompone el movimiento. No hay sujetos ni historias, hay trozos de corporalidades mezclándose entre sí. Allí sólo hay encuentros singulares de ritmos- manos- texturas- telas- consistencias- espesores- huecos- planos- temeraturas- pieles- dedos-“entres”- formas no totalizadas. Sorpresivamente la repetición cobra “cuerpo” en un indicio gestual. Del sin sentido a la otra escena, del automatismo al recuerdo: un pantallazo de su infancia se despeja del olvido, y se recuerda buscando a escondidas el dinero que su madre guardaba entre la pila de sus pulóveres, para sacárselo.

Se trata, entonces, de una lectura que desplaza la unidad de análisis de la escena como producción molar, a sus elementos más moleculares; elementos que ya no tienen forma ni función y que sólo se distinguen por cualidades tales como el movimiento, el reposo, la lentitud, la velocidad. Lectura que opera con velocidades, entonces, no con secuencias; con arritmias y ritmos variados, más que con regularidades; con destellos y evanescencias, más que con la previsibilidad del juego de la luz y la sombra.

No estamos acostumbrados, en psicodrama, hoy, a concebir las intensidades aconteciendo sobre las superficies, a no urgar en la “caja de Pandora” la otra escena que se resiste a mostrarse (de hecho, habr``a que preguntarse si estamos habituados a la intensidad en sí misma o la hemos asesinado).

En la vieja idea de catarsis moreniana, estaba eb germen el sentido de la intensidad como puro devenir, sólo que, tratándose de una materia indócil, fue incomprendida y descalificada. A pesar de la ideología espontaneísta de Moreno, éste intentó elaborar una auténtica filosofía de la creación, a partir de la cual, “cada acontecimiento sucede sólo una vez y nunca más” (Moreno). Pero Moreno enseñó también a no retroceder cuando estas intensidades acontecen, porque allí acontece la sexualidad, la muerte, la vida, la locura; intuición genial que lo llevó a gestar una praxis como puro régimen de flujos y encuentros.

Tras un trabajo de improvisación corporal bastante prolongado, y llevado a cabo en condiciones atípicas de semioscuridad (por los cortes de luz se trabajó con luz de vela), en un grupo de formación no aparecen escenas para representar.Nadie puede relatar “historias”,”conflictos”, “recuerdos humanos”: sólo se habla de destellos, sensaciones táctiles, viscerales, imágenes sin objetos definidos: los registros preceptúales se asemejan a las impresiones visuales que provocan la anestesia profunda, a a las alucinaciones corporales. No cuesta mucho suponer allí la resistencia a “pensar en escenas” (M.Bouquet), teniendo en cuenta que era la primera aproximación a escenas personales. Sin embargo, lo que circula da cuenta de un régimen de afectaciones de una vibración extraña, casi incómoda, sin forma, caótica, sin sujeto. Afectaciones de las pieles en contacto con otras pieles, de las oscuridades no imaginarias, del acontecer mudo de los procesos somáticos.Algo allí no se podía representar, pero se manifestaba a través de otros órdenes de expresión. Crisis del pensamiento en enscenas.”Dicho tipo de pensamiento ha sido considerado con frecuencia como meramente constituido por imágenes. Pero ante una observación más atenta, y en particular, cuando quien observa es sensible a la detección de los fenómenos dramáticos, resulta estar constituido por escenas”(Martínez Bouquet). Pero ¿existen otros modos de afección que no pasen por el pensamiento en escenas?¿Existen otras modallizaciones del pesamiento?

Es comprobable que, tanto las imágenes, como la compleja multiplicidad de registros que dominan nuestras formas de percepción, no tienen la tendencia automática de acomodarse en una historia.Como las palabras y las frases, para adquirir sentido, deben ser violentadas.Narrar, desplegar una historia implica manipular, doblegar, constreñir las imágenes. El llamado pensamiento en escenas es efecto de este intento de dar coherencia a la inextricable complejidad de un universo de percepciones que desborda y sobrepasa toda su posibilidad de darse representación.

Poder desplegar, escenificar “historias” es parte imprescindible de la práctica psicodramática, pero nos topamos con los límites del psicodrama si, al tomar a la escena como unidad instrumental,capturamos en un marco de coordenadas espacio-temporales, los múltiples flujos de expresión no siempre representables. Nos topamos con los límites del psicodrama si no sabemos inventar otras alternativas de expresión para los flujos no representativos del inconciente.

Molecularizar la unidad de la escena ni siquiera es “mirar desde adentro”, alusión equívoca al sesgo contratransferencial de la implicancia deseante del coordinador; otras metáforas dicen mejor el devenir subjetivo que se produce con esta operación: afectarse con la textura de la trama, dejarse ser parte del cuadro, devenir escenario como puro acontecimiento; ser una pincelada en la tela, ser puro color;hacerse objeto y partícula de objeto.

Nos topamos con los límites del psicodrama si trabajamos con una dramática como simple pantalla de lo imaginario o latencia de lo simbólico. Dramática como discurso narrativo, frase acabada, coherencia argumental,montaje gramatical; que no sabe tolerar los balbuceos, las metamorfosis que transcurren en las superficies de las proposiciones y las palabras, los sonidos de los objetos cuando hablan, el silencio ensordecedor de los cuerpos cuando vibran. En Las Sillas de Ionesco,el poderoso contenido poético de la obra no se apoya en la banalidad del texto que recitan los actores, sino en el hecho de que va dirigido a un número cada vez mayor de sillas vacás.Martín Esslin”(Citado en reflexiones sobre el proceso creador, de E.Pavlovsky).

El problema no es el de la organización, el de la estructura, sino el de la composición,.Composición de moléculas y partículas de todo tipo; de afectos, de intensidades, de individuaciones sin sujeto (Deleuze, Guattari).Composición que singularizaa la obra de arte, con sus caracterísdticas de extrañeza, liquidez, instantaneidad, inhumanidad. Es el juego vertiginoso y superficial de las apariencias desafiando al sujeto de la interpretación. Juego que nos arranca del reino de la metáfora y nos sumerge en la seducción de las metamorfosis.

Intentamos recuperar la posibilidad de intensidad en una praxis que pierde el sentido sin ella.

Por otro lado, intentamos mostrar que para trabajar en psicodrama, no sólo no basta entrenarse en la escucha de la palabra, sino que concentrarnos en esta dimensión, nos insensibiliza la mayoría de las veces ,para captarlos múltiples registros en que el drama, como modo “espacial” del verbo, más que de la acción, permite al deseo expresarse.

La idea de  MAQUINA (Deleuze, GUATTARI9 y la de DEVENIR pueden servirnos cuando la deESTRUCTURA ha perdido la significación de corte en un proceso, y opera como estrategia de “momificación” del fluir siempre des-bordante (fuera del borde que la estructura misma pretende imponerle) del inconciente.

Los procesos maquínicos de desobjetivización promueven un sujeto que queda por fuera de la máquina.Pero una realidad difusa, descentralizada, volatilizada hasta lo infinitesimal de sus cortes, anula toda posible captación del objeto, y a la vez, al sujeto mismo. La máquina, en tanto haga imposible la representación de sus efectos, arrasa con el sujeto del sentido.¿Desaparición de las ilusiones y las utopías?

“Para que una cosa tenga sentido, hace falta una escena, y para que exista una escena hace falta una ilusión,un mínimo de ilusión, de movimiento imaginario de desafío a lo real, que nos arrastre, que nos seduzca, que nos rebele”(J.Baudrillard, citado en “La multiplicación dramática”, de H. Kesselman y E.pavlovsky). Pero no estamos apostando al conformismo obsceno de lo hiperreal (Baudrillard).

Hoy asistimos a la producción de otras formas de subjetividad.”La máquina, como repetición de lo singular, es el único modo podible de representación de subjetividad en el plano individual o colectivo” (F.Guattari).

Las formas sociales en las que estamos sumergidos hoy ya no responden a determinismos estructurales, ya no se dejan capturar por la causalidad que desencadena una estructura.”La realidad no se puede explicar desde la estructura” (J.C.De Brasi).

Quizás asistamos nó sólo a la manifestación de órdenes maquínicos de funcionamiento, sino también al surgimiento de una dimensión maquínica de la ética y de la estética.
La máquina, como proceso de apropiación deseante también puede producir otros modos de ilusión.

Los límites del psicodrama son también losp ropios límites del psicodramatista como agente clínico. Pero sertá también su desafío. Y el desafío será el de la creación. Porque nos encontramos en la encrucijada de lo desconocido. Deberemos fundamentalmente crear otra concepción de la clínica: una clínica, por lo pronto, que abandonde sus refugios sedentarios para animarse a transitar por la incapturable expansión de la producción deseante.

Bibliografía consultada

Baudrillard, J.: Cultura y Simulacro. Ed Kairós
Las estrategias fatales, Ed. Anagrama
Breure-Dawson, C. y colaboradores: ”Pulsión y fantasma en las diferentes estructuras neuróticas” (Cuarto Encuentro Internacional del campo freudiano). Ed. Manantial
De Brasi, J.C: ”Crítica y transformación de los fetiches”. Lo Grupal 6. Ed.Búsqueda
“Apreciaciones sobre la violencia simbólica, la identidad y el poder”. Lo grupal 3. Ed. Búsqueda
“Elucidaciones sobre el ECRO”. Lo grupal 4. Ed. Búsqueda
Seminarios sobre la obra de G. Deleuze (Centro de Psicodrama psicoanalítico Grupal)
G. Deleuze: Lógica del Sentido, Ed. Piados Studio
Deleuze, G., Guattari, F.: Mil Mesetas, Ed. Jucar
Guattari, F.: Psicoanálisis y transversalidad, Ed. Siglo XX
Freud, S.: Obras completas. Ed. Amorrortu
Kesselman, H., Pavlovsky, E.: La multipllicación dramática. Ed. Ayllu-Búsqueda
Lacan, J.: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis (Inédito)
Lemoine, G.y P.: Teoría del psicodrama, Ed.Gedisa
Martínez Bouquet: Fundamentos para una teoría del psicodrama, Ed. Siglo XXI
Martínez Bouquet, C., Moccio, F., Pavlovsky, E.: Psicodrama psicoanalítico en grupos, Ed. Fundamentos (Madrid)
Moreno, J.: Psicodrama, Ed. Hormé
Maldavsky, D.: Teoría de las representaciones. Ed. Nueva Visión
Percia, M.: Psicoterapia de grupos, función y espacio de la escena en la investigación analítica, Ed. De la U.B.
Pavlovsky, E.: Reflexiones sobre el proceso creador, Ed. Búsqueda
Saidón, O.: Seminarios sobre clínica ampliada (Centro de Psicodrama Psicoanalítico Grupal)

 

 

   

 


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